El Deber logo
28 de noviembre de 2018, 4:00 AM
28 de noviembre de 2018, 4:00 AM

Nunca se miente tanto como cuando se hace política. Esto contribuye al descreimiento en los dirigentes que terminan ahogados por su conducta. En definitiva, la mentira se usa para ocultar conductas inmorales.

Hace poco se lanzó la iniciativa de dictar una ley contra la mentira, con el argumento de que hay que luchar contra la supuesta falsedad de los opositores y de alguna prensa, lo que –se afirma– distorsiona la imagen de buen manejo del Estado. En realidad, se trata de crear un instrumento legal que evite la publicación de observaciones y críticas, lo que va contra la libertad de expresión. Y esto, es otra forma de corrupción.

A las mentiras se añade el afán de justificar daños como los que resultan de estadios construidos en el medio de la nada, canchas de fútbol sin jugadores, museos sin visitantes, edificios sobredimensionados, inversiones fallidas y otras “lindezas”. Esto muestra que para los corruptos la crítica siempre es infundada.

La mentira, cuando se está en tiempo de elecciones, va más allá de exaltar pretendidos méritos. Entonces, los dardos se dirigen también contra todo lo pasado y queda, para los encumbrados, una sola verdad: el presente es siempre mejor –si está en sus manos, claro está. Con esta conducta, no se comete una falta menor, puesto que, cuando se niegan denuncias por actos de corrupción, no se repara en que “no solo las coimas son corrupción. Decir mentiras también lo es” (Felipe Córdova, Contralor de Colombia).

Hay una comprobación: Los sobrecostos en las obras públicas han ocasionado enormes daños. Y cuando se hace pública esta revelación, surgen las preguntas: ¿Quiénes fueron los responsables? ¿Quiénes le hacen daño al país con sus mentiras? ¿Hay remedio para este mal? Hay muchas recomendaciones para superarlo, pero no hay fórmulas mágicas para erradicarlo. Promover un cambio de actitud para que no se aplauda al enriquecido a costa del Estado, es una primera tarea.

En la campaña de la ONU para la lucha contra la corrupción, se proponen estrategias. Sin embargo, para nosotros, lo esencial es lograr que se entienda que el enriquecimiento ilícito no solo daña a la sociedad, también la envilece. En definitiva, se está ignorando que “los países que reprimen con éxito la corrupción son mucho más legítimos ante sus ciudadanos y generan estabilidad y confianza”. (La ONU contra la corrupción).

Tags