Opinión

Movilizaciones por el 21-F

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10 de febrero de 2017, 4:00 AM
10 de febrero de 2017, 4:00 AM

La lucha por el poder en Bolivia no solo se ha llevado a cabo en los últimos años en las urnas. La calle también es un escenario casi permanente de medición de fuerzas de los actores políticos y sociales. Un tercer ámbito de confrontación es el simbólico o discursivo, que se desarrolla con altísima intensidad, sobre todo en los medios de comunicación y de manera creciente en las redes sociales. Todo parece indicar que esta dinámica no cambiará en el país, sino que se intensificará a medida que se acelere la búsqueda de una vía constitucional para avanzar hacia otra reelección presidencial y a medida que se acerquen los comicios de 2019. 

En la dinámica constante de disputa del poder entre oficialistas y opositores, el 21-F parece haberse convertido en una fecha altamente simbólica y en una nueva oportunidad para la medición de fuerzas en las calles y en el ámbito discursivo. En la lógica de que no solo hay que ganar la batalla política en las urnas, sino también en las calles y en el escenario simbólico, el oficialismo y sectores ciudadanos y partidarios que se oponen a otra reelección de Evo Morales se aprestan a movilizarse el 21 de febrero y, por lo tanto, han comenzado a propiciar una antesala tensa del Carnaval. Este ambiente tiene su origen en las heridas que quedaron muy abiertas por los resultados de un referéndum que volvió a polarizar al país el año pasado. La derrota no fue asimilada ni aceptada por el Gobierno, que sigue aún atribuyendo la apretada diferencia a favor del No a los efectos de la manipulación de una denuncia con enormes repercusiones mediáticas. 

Como el oficialismo no avaló el resultado del acto democrático del 21 de febrero, algunos sectores que se oponen a la repostulación han convocado a festejar un año después el triunfo del No para reforzar así simbólicamente el conteo y los efectos del referéndum. En respuesta, y apoyándose en su gran aparato de poder, el oficialismo busca estos días posicionar en el plano de lo simbólico la idea de que el 21-F es el ‘Día de la Mentira’. El Gobierno insiste así en reforzar el mensaje de que la derrota del presidente es el resultado de una campaña conspiradora sustentada en conjeturas y falsedades. Ese seguirá probablemente siendo el eje estratégico para conseguir apoyo y legitimar la pretendida repostulación. Mientras la lucha por las ideas no rompa los límites del derecho a la protesta y a la libre expresión, las movilizaciones serán democráticas. El problema surgirá cuando la virulencia nos coloque otra vez al borde de la violencia. Que la sensatez y la cordura prevalezcan en esta nueva pulseada política. 

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