Opinión

Mugabe: de libertador a tirano

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27 de noviembre de 2017, 7:04 AM
27 de noviembre de 2017, 7:04 AM
Pocos días atrás, Robert Gabriel Mugabe (93 años) fue forzado por los militares para renunciar a la presidencia, cargo ejercido desde que Zimbabwe nació a la vida independiente en 1980. Triste final para un hombre que tal vez estaba llamado para otro destino si hubiera sabido controlar ambiciones personales y ansias de prorrogarse indefinidamente en el poder. 


Mugabe fue el héroe y el libertador de la mayoría negra que pudo finalmente doblegar al régimen racista de Ian Smith en Rodesia e instaurar un nuevo estado que pasó a llamarse Zimbabwe. Su capital (Salisbury) tomó el nombre nativo de Harare y Mugabe inició su mandato bajo los mejores auspicios de la comunidad mundial. En esa época, su país era considerado el granero del  África meridional por la abundancia de alimentos y el dólar local estaba en paridad con el dólar estadounidense. Todo parecía indicar un futuro promisorio para la nueva nación y un sitial grande en la historia para Mugabe, antecesor inclusive del célebre  sudafricano Nelson Mandela ¡Ah! Pero ahí acaban las semejanzas. Mientras Mandela impulsó desde el inicio de su gestión un proceso de unidad nacional por encima de razas o clases, Mugabe optó por los odios y mayores divisiones;  remató su demagogia con las expropiaciones masivas de las granjas en manos de los blancos, para repartirlas una vez fraccionadas. El resultado fue desastroso, los minifundios no produjeron nada y Zimbabwe, de granero proveedor de comida, pasó a ser un país con hambrunas, desnutrición y alta mortalidad infantil. De la misma manera, la economía fue manipulada y se provocó una hiperinflación que llegó a niveles de millones de dólares nativos por cada dólar estadounidense. Así sucesivamente, se fueron deteriorando todos los servicios esenciales de Zimbabwe, mientras Mugabe seguía gobernando de forma autócrata, ya bajo una presidencia vitalicia. Pese a tanto desastre, el viejo líder seguía siendo popular en varias áreas rurales; allí su imagen idealizada  de libertador aún se imponía sobre la realidad del tirano.


Tras 37 años de desgobierno y demagogia, terminó el largo ciclo de Mugabe, un hombre al que el destino había marcado para que libere a su pueblo, no para que luego lo administre pésimamente. Ahora deja una nación en crisis y de escasa viabilidad. Su afán de perpetuarse y de que luego lo suceda su esposa de 52 años, precipitó la acción militar. Ahora Mugabe ya es historia, una mala historia, aunque pudo ser lo contrario. 
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