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4 de mayo de 2018, 4:00 AM
4 de mayo de 2018, 4:00 AM

Cuando leí la fascinante novela de William Ospina El país de la canela, que trata sobre Gonzalo Pizarro en búsqueda de alguito que lo haga rico sin trabajar. Esa fue la obsesión de los conquistadores. Gonzalo, hermano menor de Francisco por 40 años, arribó a estas tierras un poco tarde: ya se habían encontrado las majestuosidades de oro de México o Perú y sin embargo, los barcos llegaban aún cargados de aquellos que soñaban con su Dorado. ¿A quién se le puede ocurrir trabajar, si matando algunos indios y con un poco de suerte se podía hallar una civilización llena de riquezas? La América relucía como joyería del presente a la que puedes entrar, degollar al dueño y a las vendedoras y quedarte con su plata. Gonzalo se atrasó. Ya no había oro. No se le ocurrió mejor idea que mantener el sueño pero ya no con oro.

No, esta vez la ilusión tuvo a la canela como el Dorado soñado. Nunca lo encontró. No tuvo esa suerte. Sin embargo, este fracaso personal no fue el final de su sueño, que pervive férreo en nuestro mundo a tantos siglos de distancia. Sí, su legado aún vive en nosotros exhibiendo una certeza indeclinable: mejor no esforzarse estudiando o cosas por el estilo. Nada que ver: mejor encontrar los neo-dorados del siglo XXI. 
¿Cuáles son estos? Los neo-dorados no lucen oro ni joyas a la vista del público pero tienen dinero astutamente escondido en cuentas bancarias. Una pista amable lector: los Dorados de la actualidad ya no se los busca con barcos, no nada que ver, se los busca en elecciones y usualmente estas son autonómicas. Y este nuevo Dorado no viene ya de una sola, algo así como encontrarse Tenochtitlán y robarse todo de golpe. No, los neo-dorados vienen de a poco, en cómodas cuotas mensuales transferidas por concepto de fórmulas fiscales (alguna de ellas recibió el nombre de coparticipación tributaria). ¿Cuáles son pues estos nuevos Dorados? Pues la respuesta es una: las entidades autonómicas. 

No tengo dudas: un modelo fiscal autonómico como el vigente solo puede suponer que muchas autoridades autonómicas contemplen la existencia de los gobiernos autonómicos como efectivos espacios de “acumulación de capital” –auténticos Dorados-. ¿Por qué aludo al actual modelo fiscal? Pues dicho modelo casi quintuplicó sus arcas con la masiva transferencia de los recursos provenientes del IDH o, dicho en otros términos, con plata recibida por el país por concepto del gas exportado. La bonanza del gas fue a parar en gran parte a tierras autonómicas sin control, políticas de planificación e inversión concurrente o en función a metas nacionales compartidas listas a ser ejecutadas localmente. No hubo eso y en ese escenario de absoluta laxitud institucional el desenlace no es extraño: pululan los avivados, aquellos que lucran del Dorado edil o de las gobernaciones a través de convocatorias amañadas, en las que ganan empresas propias fantasmas, empresas de amigos o empresas extranjeras que dejan un buen porcentaje como “agradecimiento” por haber recibido el contrato.

Ya vimos con Guillermo Trejo que los municipios en México son espacios de diversificación económica de narcos. Sí, su razonamiento es simple: “nos diversificaremos: ya somos narcos, ya somos secuestradores, ¿qué cositas más le metemos? Pues seamos alcaldes. Lo propio sucede en Colombia como no los enseña Darío Restrepo: “ya somos guerrilleros, nos volvemos narcos, nos expandimos hacia la industria del secuestro y ahora, vaya bendición, podemos seguir prosperando como alcaldes”. Ya lo vi en El Salvador donde mareros se cuelan al mundo municipal para legalizarse como pandilleros/narcos. Y lo veo en Bolivia donde muchos cocaleros, además de su cocales y, además, tienen los recursos municipales a su cargo.

En este escenario, queda por hacer un comentario sobre el problema que vive el alcalde Leyes. Mi tesis es simple: no importa si está el Cholango o Leyes, lo verdaderamente relevante es que el municipalismo y el modelo autonómico mismo han establecido una plataforma institucional que incentiva la corrupción. Lo de las mochilas es una anécdota en una gestión que debe ser auditada en su totalidad. Yo en lo particular no creo a) que el asunto de las mochilas sea una excepción, creo que es la regla, b) no creo que haya sido diferente durante la gestión de Castellanos que también debe ser auditada en su totalidad, c) los cientos de gobiernos autonómicos funcionan más o menos con la misma lógica y d) el viceministro del área escribe columnas laudatorias a su jefe, simbolizando el estado de postración del fantástico proceso descentralizador que tuvo curso desde 1994. 

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