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Las nuevas variantes de cepas han obligado a cambiar de rumbo, tomar nuevas decisiones y retomar algunas medidas que se habían dejado atrás. Los virus mutan todo el tiempo y una variante nueva siempre es motivo de preocupación. En varios continentes la cepa de la India llamada Delta y ahora la Delta plus, provocan un aumento de contagios como olas expansivas sobre los territorios asiáticos, australianos y europeos. En medio de campañas de vacunación intensas y restricciones que vuelven y aperturas que van, el vértigo no se detiene. Las cifras arrojan que estamos en los albores de los 4 millones de personas fallecidas por esta enfermedad y que han sido contagiados más de 180 millones. Cifras escalofriantes. Quien quiera negarlo, que oiga.

Por estos lares, América Latina sigue siendo una región muy golpeada por la pandemia del coronavirus.

La expansión de la nueva cepa, estalla en al menos en 85 países y si preocupa a Sudamérica, por qué no a Bolivia. Ya algunos países vecinos toman previsiones porque han detectado su presencia. Saben que el covid-19 es amigo de los asintomáticos, los negadores y los descuidados.

Y como nadie ha inventado otra solución más que la de vacunarse, por ahora habrá que convencer a los que dudan y vacunar a los que quieren. En un país donde las carencias abundan y el personal de salud está agotado de tanto sacrificio que se desgrana desde marzo del año anterior, los gobiernos de turno deben reorganizar el sistema de vacunación.

Al país han llegado poco más de 4 millones de dosis y se estima que en julio llegarían varios lotes de diferentes marcas y desde diferentes latitudes que sumarían casi dos millones de dosis más. Sin embargo, el ritmo de vacunación no parece apurarse a las necesidades propias de una pandemia.

Hasta el momento se han dado 2,5 millones de pinchazos en Bolivia y esperan almacenadas 1,5 millones de dosis. Una cantidad importante que debiera ser aplicada en pocas semanas para atenuar el ritmo de contagio y de muertes en todo el territorio nacional.

Si proyectamos un ritmo de vacunación que oscila entre 35.000 y 60.000 aplicaciones diarias no solo vamos a lograr la inmunidad comunitaria o de rebaño recién a fin de año, sino que comenzarán a almacenarse improductivamente vacunas anticovid. Todo esto estimando que lleguen, a tiempo, los millones de vacunas prometidas y a un ritmo sostenido.

No solo reorganizar y agilizar el sistema de vacunación es imperioso, también se requiere de una efectiva comunicación por parte de las autoridades de los gobiernos correspondientes. Una eficiente campaña de comunicación por todos los medios posibles aseguraría mayor conciencia, flujo de asistencia y por ende de inmunización efectiva.

Hay vacíos preocupantes en la asistencia por la segunda dosis, una dejadez de parte de miles de ciudadanos que seguramente creen que con una sola están protegidos. Este peligroso prejuicio, esta falta de buena información, pone en riesgo su propia salud, la de sus allegados y familiares. Es necesario un seguimiento estricto de parte de las autoridades de salud para corregir esta irresponsable actitud ciudadana.

Una apropiada campaña de concienciación para vacunarse contra el covid-19, sumada a una aceleración en la aplicación de la vacuna conforman dos importantes mecanismos para retomar el camino hacia una salida posible. Pero esto depende de todas y de todos.

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