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OPINIÓN

Muy ligeros de pies

Alejandro Arana 31/7/2020 03:00

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El pasado 23 de julio el Tribunal Supremo Electoral informó al país su decisión de postergar la fecha de las próximas elecciones presidenciales hasta el 18 de octubre para “proteger la salud de los bolivianos”, medida claramente insuficiente puesto que implica una suspensión de solo seis semanas, tiempo en el cual la situación epidemiológica en el país se estima que no varíe considerablemente. Sin embargo, la decisión va en el sentido correcto de priorizar la salud de muchos en vez de las ambiciones políticas de algunos. Tal es así que la determinación fue apoyada incluso por el Centro Carter con sede en Atlanta, Georgia y famoso mundialmente por promover la democracia y los derechos humanos. Es más, de acuerdo con la Fundación Internacional para Sistemas Electorales (IFES), al 15 de julio del presente año, 62 países ya habían pospuesto sus procesos electorales debido a los peligros para la salud pública generados por la pandemia de covid-19.

Mientras tanto, en nuestro país, muy lejos de semejante madurez cívica, políticos de la calaña de Evo Morales y su sustituto circunstancial Luis Arce, arrean a sus turbas de ingenuos seguidores para realizar concentraciones masivas y bloqueos reclamando porque se mantenga la fecha original de los comicios, exponiendo con ello a un gran número de personas al contagio del virus. Esta maquiavélica e insensata conducta, pone de manifiesto su excesiva sed de poder y el hecho que muy probablemente Morales padezca del síndrome de Hubris, formulado por primera vez en 2008 por el neurólogo inglés David Owen, y que consiste en un trastorno narcisista de la personalidad derivado del largo ejercicio del poder y cuyo síntoma principal es una arrogancia tal que conduce a la temeridad a la hora de decidir sin consideración por los riesgos y a suponer que sus intereses son los mismos que los de la nación. Por lo mismo, y aunque durante catorce años arengó a su gente con el grito de Patria o Muerte, sus acciones demuestran que en realidad su verdadero llamado era a Poder o Muerte, puesto que eso es lo que busca a toda costa, claro que no a expensas de su propia vida sino la de sus leales vasallos a quienes cobardemente insta a tomar acciones que ponen en riesgo su salud mientras él se esconde bajo las faldas de un exilio dorado. Qué triste ejemplo de quién durante más de una década presidió el país y pretendía seguir haciéndolo indefinidamente. Cuan distinto a como deberían actuar todos quienes pretender ser verdaderos líderes, como Cristo nos exhorta “Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor.”


A raíz de estos recientes llamados a convulsionar el país, muchos sectores de la sociedad temen que se genere una ola de violencia muy difícil de contener. Sin embargo, si algo nos enseñaron los actos violentos y atentados terroristas acaecidos a finales del año pasado en Senkata, es que por mucho que griten “ahora sí, guerra civil” estos grupos son disueltos rápidamente ante una firme y decidida acción de las autoridades, porque al igual que los caudillos a quienes éstos siguen, vemos que son muy valientes de palabra, pero muy ligeros de pies.