Opinión

Nada es lo que parece

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10 de junio de 2018, 4:06 AM
10 de junio de 2018, 4:06 AM
Ya se dice que “parece” que el presidente va al Mundial de Fútbol, cuando en realidad está yendo a firmar proyectos para grandes inversiones (1.000 millones de dólares) para hidrocarburos, al menos, eso es lo que avisó él mismo: “El día martes estoy viajando a Rusia. Está diciendo (la derecha) va a gastar un millón, dos millones de bolivianos. Saben hermanas y hermanos, vamos a firmar una inversión de mil millones de dólares, para el tema hidrocarburos”. Claro, esa cantidad de plata justifica que, antes o después de la firma, salga a pasear por Moscú donde, ‘casualmente’, se va a jugar el Mundial de Fútbol. ¿Acaso él tiene la culpa de que los rusos hagan el mundial ‘justo’ cuando Evo Morales va de visita? Esa puede ser una casualidad. Se me antoja que, concentrado como está en sus múltiples tareas, el jefazo ni siquiera sabía del Mundial; en la vida las casualidades existen, aunque los incrédulos desconfíen.


Me olvidé, el título de este artículo es el de una película muy distraída, en la que un grupo de ilusionistas roba un banco como parte del espectáculo que presenta; en la ‘realidad’ nacional, vemos otra película, en la que una gavilla de seres iluminados ha decidido llevarse al país en sus bolsillos, mochilas y en lo que se pueda; y en lo político por delante con el convencimiento de que si están en el poder tienen la licencia de hacer lo que quieran; entre sus ‘deseos’ o derechos está la reproducción de ese poder, con el mismo candidato, en el mismo esquema y formato, hasta “la muerte de un sucha”.


En ese entendido, hagan lo que hagan, se los encuentre con las manos en la masa o se los denuncie por claros indicios de corrupción, nada los aparta del objetivo, hacer lo que quieran a cualquier costo. Lo peor es que hasta ahora, lo van logrando…


El principal de todos ellos es, por supuesto, el jefazo, una especie de iluminado, indígena, que emergió de entre los pobres y salió de la pobreza (vaya si salió, solo es cuestión de revisar sus declaraciones juradas), que vive en otro plano de realidad, en un mundo de boato, de lujos, de discursos alejados de la realidad; un mundo en el que parece solo destinado a satisfacer sus deseos infanto/juveniles/adultas (como decía Les Luthiers en El rey enamorado: “el trono lo quiero para posarme sobre él y satisfacer mis deseos, los más sublimes y los más perversos”) de manera tal que si quiere palacio, con “bulín y jacuzzi” incluido, lo tiene. ¿El señor quiere ir al Mundial de Fútbol? Faltaba más, vaya; eso sí, justifíquelo con el argumento de que serán grandes inversiones las que vendrán al país. 


Se pide a los mirones y opinadores abstenerse de comentarios malsanos; a nadie se le ocurra objetarlo, aunque crean que si el presidente fuera serio, mantendría las formas y pediría a los inversionistas tan millonarios que tal firma esperase a que termine el mundial, pero ese es un detalle menor.


Se va don Evo cuando el país no está en buen momento, recordemos que se estaba saliendo del problema con Sucre y de pronto salta lo de El Alto, con muerto incluido. Y el presidente, salvo en un tuit del día del hecho, no se refirió puntualmente al tema. Es de suponer que en un caso como el citado le cuesta pasar como víctima; esa es su costumbre, si no, recordemos que en días pasados tras de la crítica al viaje mundialero ensayó la queja de siempre: “Me dijeron narcotraficante, asesino, Bin Laden andino, mafia cocalera, y no me asusta, lo que me preocupa es lo que entre nosotros nos peleamos y dividimos, eso sí me molesta”. ¡Buej! algo es algo. En la víspera del viaje suena bien que le moleste “que entre nosotros nos peleemos y dividamos”, como si ello no fuera otro rasgo de su poder.

En fin, se me antoja que el presidente es de teflón, no se le prende nada…. Y así nos va. 
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