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7 de octubre de 2017, 6:00 AM
7 de octubre de 2017, 6:00 AM

A mis 12 años, mientras esperaba el tren que me dejaría a cinco kilómetros  del pueblito donde vivía, con las pocas monedas que tenía compré el Diario del Che en Bolivia, que transformó mi vida, al enterarme de la entrega de un puñado de hombres que sufrieron incansables horas de lucha, dispuestos a matar o a morir por liberar nuestro país, construir el socialismo e irradiarlo a Sudamérica. Ese ejemplo, a la cabeza del comandante Guevara, me impulsó a ser izquierdista, anticapitalista, antiimperialista y a luchar por una sociedad más justa. Sentimiento y pensamiento, cimentados por mi origen campesino, experiencia de obrero y  lecturas de La madre y  Así se templó el acero.

Tras 50 años de aquella gesta heroica, una de las fuentes ideológicas e históricas del ‘proceso de cambio’ que vive Bolivia, varios gobiernos y sectores sociales nacionales e internacionales rendirán merecidos homenajes y honores al Che, que entonces nació como símbolo de protesta y lucha de los pueblos latinoamericanos y del mundo, como guía y maestro de los revolucionarios. Mientras tanto, otros connacionales nuestros lo califican de invasor extranjero y rendirán honores al ejército que lo combatió. 

Al respecto, corresponde aclarar que el Che fue capturado, herido y asesinado a sangre fría al día siguiente, al igual que otros combatientes, cumpliendo la orden del imperio yanqui, mediante la cúpula militar genocida que gobernaba Bolivia. Actitud contraria al trato humanitario que recibieron los prisioneros capturados por los guerrilleros, quienes los curaban y liberaban, incluso a varios oficiales; es el caso de Hernán Plata y de Rubén Sánchez.

Asimismo, es incorrecto señalar que los guerrilleros fueron invasores, puesto que de 46 combatientes, 27  eran bolivianos, como los hermanos ‘Coco’ e ‘Inti’ Peredo, Moisés Guevara y Lorgio Vaca, por mencionar algunos. Además, no cabe ese chauvinismo debido a que nuestros principales héroes de la Independencia, como Simón Bolívar, Antonio José de Sucre e Ignacio Warnes, eran extranjeros.

Por otro lado, los oficiales, suboficiales y soldados bolivianos combatieron cumpliendo órdenes superiores, al encontrarse constitucionalmente bajo bandera y juramento a la patria. Cuarenta y nueve  de ellos ofrendaron sus vidas, como Rubén Amezaga, Amador Armaza y Juan Alvarado, por mencionar algunos, quienes también merecen nuestro homenaje y respeto. 

Es tiempo de curar las heridas, es tiempo de reconciliarnos, independientemente de las ideologías, de los aciertos y desaciertos de entonces. Es tiempo de rendir honores a nuestros héroes que ofrendaron sus vidas, más allá de la posición que defendieron.
Sueño con recorrer pronto calles, avenidas y plazas con los nombres de nuestros caídos, que escribieron la historia con metralla y fusil, quienes dieron sus vidas por Bolivia.
¡La patria debe vivir, aunque tengamos que morir! 

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