El Deber logo
13 de abril de 2018, 4:00 AM
13 de abril de 2018, 4:00 AM

El premio nobel de economía Douglas North (1993), refiriéndose a los factores que deciden la riqueza y la pobreza de las naciones, estableció que hay tres causas principales: a) la calidad de las instituciones; b) los rasgos culturales y las creencias populares y c) el comportamiento del Gobierno. 

A propósito de la condena y prisión de Luiz Inácio Lula da Silva, expresidente de Brasil, por analogía  hemos tenido que volver a leer a Douglas North, y dadas las condiciones, los tres Poderes del Estado en Bolivia están en el peor momento histórico. El comportamiento del Gobierno deja mucho que desear. En lo administrativo léase caso Fondioc, obras sin licitación, aeropuertos en medio de la nada, museos egocéntricos, Papelbol, Enatex, barcazas chinas, palacios sin sentido, presupuesto que valoriza al Ministerio de Gobierno y recorta recursos a la salud y a la educación, aviones de lujo, etc. y etc. En lo judicial está lo peor, jueces corruptos por doquier, fiscales que no investigan y se inventan pruebas, ejecuciones sumarias a extranjeros, asesinatos de periodistas sin resolver, testigos pagados, pruebas inexistentes; habiendo convertido al Poder Judicial en el arma política más exitosa del mundo. Y lo peor es que ese mismo Poder Judicial corrupto ha fallado contra la Constitución, desconociendo el referéndum del 21-F. 

Finalmente, el Legislativo, un circo, desacreditado, los asambleístas manejados como marionetas que siguen las directrices que emanan en  algún ministerio. No existe debate ni democracia, solo existe la misiva “sí jefecito”. Por eso es fácil comprender por qué Bolivia, con tantas riquezas naturales, es un país pobre, atrasado, con bajo nivel educacional, corroído por la corrupción y la violencia urbana. Bolivia tiene muchas cosas buenas, pero hemos retrocedido y no podemos ignorar que vivimos en una sociedad pobre y miserable, con indicadores económicos y sociales que dan lástima y que revelan a una sociedad que hace infeliz la existencia humana.

Hay una certeza irrefutable, en Brasil existe un Poder Judicial independiente y una Policía Federal profesional, que actúa conforme a ley, independientemente de lo que digan los petistas, Kirchner y Evo. El tríplex de Guarujá no es nada para quien llenó sus bolsillos de propinas de empresas, como Odebrecht, OAS y Brasquem. No es nada el  tríplex versus el asalto de los petistas y compinches de Lula que se robaron los recursos del BNDS, qué es un tríplex para quien se llevó la plata de los brasileños a países como Cuba, Mozambique o Venezuela. Y lo de Petrobras, el asalto a los fondos de pensiones y una infinidad de delitos criminales de saqueo, enriquecimiento ilícito y de empobrecer a su pueblo. Lula hoy está preso con pruebas, juicio y con testigos no comprados.

Muchos tienen la esperanza de que las lecciones del juez Sergio Moro sean aprendidas y emuladas por los cientos de jueces, tribunales, constitucionalistas que hay en Bolivia. No puede el Poder Judicial someterse y dejarse amedrentar por el ministro tal o cual. No puede un juez querer mantener su ‘pega’ dictando fallos solo por agradar a los gobernantes de turno. ¿Acaso por encima de todo no está la ley y los procedimientos? ¿Acaso la Constitución Política del Estado no está por encima de cualquier voluntad o apetito personal o partidario y que los asesinatos, asaltos a los fondos públicos, desvíos de recursos y licitaciones dudosas son penadas por las leyes. ¿Por qué no actúan? ¿Por qué tanta complacencia de los juristas?

Lula está preso por corrupto y en Bolivia debemos entender que este ‘cóctel boliviano’ es muy peligroso para la población, las instituciones y para la democracia. Hemos tocado fondo y necesitamos unos 500 Sergio Moro, apegados a la ley, que administren justicia imparcialmente, éticamente y  devolviendo credibilidad al Sistema Judicial. Este tipo de jueces deben ayudarnos a poner moral, sensatez y, lo que es más importante, temor a las leyes y a sus instituciones. Mientras estemos como estamos, nos dirigimos a una ‘Madurización’ de Bolivia.

Tags