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7 de septiembre de 2019, 4:00 AM
7 de septiembre de 2019, 4:00 AM

“El Gran Refugio”. Ese es el significado en español de una de las áreas protegidas más afectadas por los incendios forestales en Bolivia, ubicada al sureste del departamento de Santa Cruz. Su nominación original responde a uno de los pueblos milenarios que habita esa región: los guaraníes.

Estos y el grupo nómada de los ayoreos han sido los principales habitantes de “Ñembi Guasu”, la primera área de conservación creada en el marco de la autonomía indígena. Hace tan solo cuatro meses, el Gobierno Autónomo Guaraní Charagua Iyambae celebraba esta declaración.

Pues esta representa la cosmovisión de varios pueblos del oriente boliviano. Pero qué poco duró la alegría para uno de los sectores más abandonados del país, cuando vieron su entorno consumirse en gris.

La culpable de su desgracia: la visión extractivista, desarrollista y depredadora de los cojñone.

Los “extranjeros”, que vestidos de agroindustriales o de representantes de un supuesto Estado Plurinacional, son responsables de los incendios forestales, que al tiempo que consumen el entorno guaraní y ayoreo, amenazan con la propia existencia de estos pueblos.

Por ello, este miércoles 4 de septiembre, la Central Ayorea Nativa del Oriente exigió la declaratoria de emergencia de desastre. Responsabilizó a los gobiernos de Bolivia y Paraguay, por permitir la ampliación de la frontera agrícola y los chaqueos (con la Ley 741 y el Decreto 3973, en el caso boliviano) y clamó por su pueblo, particularmente el que vive en aislamiento voluntario, en un bosque que cada día se desvanece un poco más.

Frente al capricho de las autoridades al negar la declaratoria de emergencia nacional, cabe insistir en apoyar la demanda de los pueblos que habitan Ñembi Guasu, por tres razones en particular.

Primero, como bien indicaron los especialistas Iván Arnold y Sander van Andel, en el portal Mongabay (abril, 2019), esta área se destacó considerablemente por su trabajo de conservación ambiental.

No solo por la diversidad de especies, sino por una amplia cantidad de las mismas. Jaguares, monos, pumas y osos tenían una importante población que coexistía en armonía con una frondosa vegetación.

Aquel idílico estado ambiental fue el resultado de la cosmovisión de quienes habitaron esta región. Y esta es la segunda razón que exige apoyar la reciente demanda ayorea... la muerte del bosque amenaza con forzar la extinción de su cultura originaria. Para este pueblo, el eami (monte) es un ser vivo, con quien forman un solo cuerpo. Por eso, la necesidad de cuidarlo como a uno mismo. A él y a los seres que habitan alrededor.

Animales, árboles y plantas son parte de un mismo ser. Muere el entorno, muere parte de uno con él. No sería la primera vez que pueblos como los ayoreos sufran a consecuencia de la imposición y el maltrato cojñone. O como dirían los guaranís, de los karay.

Pues desde la colonia; atravesando por el sangriento capítulo de Kuruyuki; el enfrentamiento entre hermanos -durante la guerra del Chaco-, hasta las denuncias contemporáneas de semi esclavitud (Quiroga, 2008) y los recientes incendios forestales; los pueblos del oriente boliviano han sufrido marginación, indiferencia y una amenaza permanente a su existencia. Y he aquí la tercera razón para apoyar la demanda ayorea, como la guaraní y la de tantos otros pueblos afectados por el reciente desastre ambiental: no se puede seguir negando sus demandas y reclamos, como en tantos otros capítulos de la historia nacional... ¿o esperaremos a que se extingan, como el bosque que han cuidado tanto, para reaccionar?

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