Opinión

Neurosis política

El Deber 26/5/2017 04:00

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“Hay quienes piensan que la política interesa muy poco a nuestros ciudadanos”. Por otro lado, “están quienes creen que la política ocupa un lugar demasiado gravitacional en nuestras actividades”. Este juego de creencias encontradas, según el intelectual argentino Marcos Novaro, autor del ensayo Manual del votante perplejo, de reciente aparición, es propio de la sociedad en la que vive. Sin embargo, su enfoque sobre las actitudes y el comportamiento habituales de los argentinos bien puede ser aplicado, con las reservas del caso, al análisis de la conducta de ciudadanos de otros países. Es común que, en muchos de ellos, la política –como peculiar actividad humana– sea vista, en unos casos, con recelo y desconfianza y, en otros, con entusiasmo y esperanza. 

Estas singulares creencias, según Novaro, abren paso a lo que denomina ‘neurosis política’, que se expresa en dos ‘actitudes’ en apariencia opuestas. Por una parte, la actitud del votante que “ha llegado a la conclusión de que los políticos son todos iguales” y que ninguno merece confianza. De otro lado, la actitud del votante “esperanzado en que, tarde o temprano, habrá de dar con las personas adecuadas para que lo gobiernen”. Aquel es más bien escéptico y, en cierta medida, cínico frente a la política. El segundo cree más en la posibilidad de que las cosas cambien.

En opinión del pensador argentino, estas dos actitudes no son del todo antagónicas. Los que asumen una u otra olvidan que tienen más cosas en común que se ocultan en las apariencias. Ambos comparten una misma ‘dolencia’, con la diferencia de que lo que a unos les sobra, a los otros les falta: a los esperanzados un poco de realismo y a los ‘cínicos resignados’ algo más de ilusión. 

Si fueran capaces de reflexionar sobre estos hechos, subraya Novaro, concordarían en una visión más realista y, sobre todo, ‘menos neurótica’ de los asuntos políticos. Si los ‘ilusionados’ se ilusionaran un poco menos y los ‘escépticos’ se mofaran también un poco menos de la realidad objetiva, sería posible edificar una relación “más productiva, sana y amable con los políticos y la política”.  

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