Edición Impresa

Neutralidad

Juan José Toro M 24/10/2019 03:00

Escucha esta nota aquí

Subjetivo como es, el ser humano no puede ser objetivo. Por ello, siempre toma partido; es decir, asume y defiende una posición frente a otras.

Su subjetividad es la causa de sus preferencias. Le gusta un color, un sabor, un sonido o un olor por encima de otros. Puede tener coincidencias más o menos comunes con otros, como sobre la apariencia de personas y objetos, pero, al final, su preferencia será individual.

El sectarismo se expresa más claramente en los deportes y, en el caso sudamericano, en el fútbol. El sudamericano es hincha de un equipo y lo defiende a rajatabla. Puede tener otras preferencias, pero en otras ligas, y a todas las defenderá más o menos con la misma pasión.

Es lógico que en la política se tome partido. Frente a varias opciones, el ser humano elige una, la acoge y la defiende. Como en el fútbol, puede tener más de uno, dependiendo de las circunstancias.

Las opciones y el subjetivismo son inherentes al ser humano, son sus derechos y puede ejercerlos libremente. La neutralidad también es una posición y, por lo tanto, es un derecho que puede ejercerse como tal. El problema es que la mayoría de la gente no lo entiende así y, cuando ve que alguien es neutral, le insta a tomar partido.

Hace años, cuando Nacional Potosí estaba recién ascendido a la entonces llamada liga del fútbol, yo, que soy hincha de Real Potosí, fui al primer clásico potosino luciendo una polera doble: la mitad era de Nacional y la mitad de Real. Mi intención no era ser realista ese día sino simplemente potosino. No me entendieron y me abuchearon en el estadio. Me gritaron que me defina.

Pero, en el periodismo, las cosas no son tan sencillas como ponerse una camiseta.

En esencia, el periodista es un narrador, un sujeto que debe contar los hechos y, al hacerlo, tiene que acercarse lo más posible a la verdad. Si los hechos están sometidos a situaciones confrontadas, como casi siempre ocurre, no puede acercarse a ninguno de los bandos porque, debido a su natural subjetividad, su visión se parecería a la del bando al que se aproximó y eso sería injusto para el otro. Por ello, debe mantenerse en el medio y a eso se llama neutralidad.

Pero, como en todo, la gente quiere que el periodista tome partido y, lógicamente, cada bando querrá que esté de su lado para que refleje esa visión y no la del otro. Eso está pasando actualmente en Bolivia.

El oficialismo quiere que el periodista sea oficialista y la oposición quiere que sea opositor. Los que no somos ni lo uno ni lo otro, recibimos ataques de ambos bandos.

Los políticos quieren que tomemos partido pero el periodista que lo hace deja de ser periodista y se convierte en activista.

Por favor… déjenme ser periodista.