Escucha esta nota aquí

Apenas mayoría absoluta, ni dos tercios de vacunados, un objetivo incumplido a pocos días de terminar el año y con la cuarta ola respirándonos en la sien.

El relajamiento de las medidas de bioseguridad y la contagiosa variante Delta hacen que la ocupación de camas de internación haya aumentado de un 21% a un 58%. De los ingresados a las UTI el 82% no se ha vacunado.

En el departamento cruceño apenas el 52% tiene el esquema completo de vacunación, solo el 61% se ha colocado una dosis y un 4% tiene la tercera dosis, el verdadero esquema completo.

Hoy, apenas el 51% de los bolivianos está vacunado y no alcanza, ni mucho menos. No es suficiente porque sobrevivimos en la cuerda floja del contagio y de la muerte. Se han colocado 4,1 millones de primeras dosis, 3,2 millones de segundas y 983.000 unidosis en todo el país.

¿Será la obligatoriedad de la vacuna un paso que hay que dar para superar la frontera de la inseguridad epidemiológica? Una medida que varios países ya han tomado antes de ser sobrepasados una vez más por la pandemia del coronavirus.

Los países vecinos ya toman previsiones y restringen el paso de sus fronteras por tierra. ¿Quedará Bolivia semiaislada otra vez por los altos contagios de uno y otro lado? ¿Qué estamos haciendo para evitarlo? No lo suficiente. Mientras tanto ese efecto multiplicador incide en lo social, lo simbólico y lo imaginario, también concretamente en el comercio, la industria, etc. etc.

El 77,4% de la población de la Unión Europea de más de 18 años ha recibido las dos dosis y sin embargo hay países que han implementado la vacunación obligatoria. Ejercitan con rigor controles sanitarios en espacios cerrados a través del pasaporte sanitario. Este escenario nos sirve, no para emular, sino para aprender de lo que muy probablemente viene, pero podemos evitarlo construyendo atajos de sanidad y nuevos comportamientos sociales. Es momento de darle pelea a la cuarta ola de contagios que, para algunos, su pico es inminente y para otros la presumen dentro de cuatro semanas. Pero, además, la nueva variante ómicron, que ya convive en casi 40 países, aun no llegó a Bolivia, sin embargo, autoridades nacionales e internacionales ya asumen que se propagará rápidamente por todo el planeta.

El último reporte del Servicio Departamental de Salud (Sedes) Santa Cruz, advierte que es imperioso acelerar los procesos de vacunación. No solo el presente nos apremia, debemos enfrentar el futuro con mayor inteligencia y esquivar con armas nobles los embates de la enfermedad que ya cobró la vida de 5.2 millones de personas en el mundo.

Hoy Santa Cruz tiene casi 1.9 millones de dosis almacenadas. Entre personas antivacunas, prejuicios, miedo y desconocimiento casi la mitad de la población vacunable no se ha inoculado. Parece ficción, pero es realidad. La esperanza de tener un fin de año celebrando la inmunidad colectiva se esfuma ante la falta de compromiso y conciencia de mucha gente, que no asume los tiempos de pandemia que nos han tocado vivir. Triste contradicción llevará puesta quien eleve su copa con deseos de “salud” y no tenga la vacuna correspondiente.



Comentarios