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8 de agosto de 2017, 4:00 AM
8 de agosto de 2017, 4:00 AM

Entre los rasgos y estereotipos sobre la personalidad cruceña, construidos desde D´Orbigny, pasando por Hernando Sanabria y continuando con Herman Fernández, se ha insistido mucho en que el cruceño es pragmático, directo, orientado a la acción y poco llevado a la reflexión teórica y a la introspección.

Es verdad que no hay que creer mucho en estas simplificaciones, pero a la luz de cómo avanzamos, pareciera nomás que el cruceño mira para adelante, pero no le gusta mirar hacia atrás, quizás porque antes no teníamos un ‘atrás’ muy rico ni variado; sin embargo, hoy habiendo ya acumulado más de medio siglo de experiencias en el complejo mundo del desarrollo,  es fundamental que aceptemos, aún contra nuestra naturaleza, que es importante analizar y conocer la raíz de nuestros problemas antes de pasar a la acción; es decir, nos está faltando apoyo teórico  y capacidad de diagnóstico para enfrentar las demandas. La ciencia está ausente de nuestras decisiones y no entendemos que el pensamiento, la teoría y la información procesada deben preceder a la acción.  

El pasar a la acción sin reflexionar seriamente sobre las causas estructurales y profundas de los temas que enfrentamos nos está llevando a tremendas frustraciones, pérdida de recursos y a la sensación de que nuestros problemas no tienen solución, y no la tienen si seguimos dando manotazos de ahogado, o sea, tomando acciones sin sustento teórico, en vez de detenernos a estudiar científicamente los factores causales de nuestros problemas. 

Un primer ejemplo es el del drenaje pluvial: nunca se quiso contar con un buen plan maestro de drenajes, por lo que se construyeron canales ‘a ojo’, que luego no funcionaban. En este tema, hoy por fin estamos por buen camino.

Otro ejemplo es el de los mercados y la venta callejera, lo único que hacemos es cada cierto tiempo construir nuevos mercados para llevar allí a los ambulantes; sin embargo, las calles se siguen llenando de ambulantes, y los trasladados son rápidamente sustituidos por otros, quizá parientes o socios. Hay algo que falla y no lo investigamos a fondo: ¿por qué compra el cruceño en la calle?, ¿cómo están organizados esos grupos de vendedores?, ¿por qué por dentro los mercados quedan semivacíos?, ¿por qué el gobierno municipal no tiene autoridad para hacer cumplir las normas?, ¿por qué no se logra armar el sistema de abastecimiento basado en un mercado mayorista y 12 mercados distritales? Esas son las preguntas que previamente nos debemos hacer. 

Último ejemplo, el del transporte público. Mientras no queramos estudiar y enfrentar, con base en estudios serios, cómo funciona este servicio: informal, corporativo, espontáneo, basado en ‘líneas’ de dudosa existencia legal; es decir, mientras no entendamos claramente cómo funciona, está de más que cambiemos buses, hagamos paradas, construyamos “BRT” y mil cosas más, el servicio no funcionará mientras no propongamos medidas que vayan al fondo y que muestren que realmente conocemos el origen del problema.

Así que si queremos en serio resolver nuestros problemas, queridos cruceños, construyamos nuestra propia teoría, estudiemos los temas con seriedad, hagamos diagnósticos acertados y solo entonces comenzaremos a movernos hacia delante.  

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