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No fue golpe, fue reencauzamiento

29/3/2021 09:09

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Carlos Rocabado, doctor en administración pública

¿Fueron los hechos de octubre y noviembre de 2019 un golpe de estado? Opinólogos, politólogos, políticos, granjas de trolls, público en general, todos han dado su opinión. El mismo ex-presidente uso y abusó del término, banalizándolo hasta que dejó de ser banal. En sus 13 años de gobierno, el más mínimo movimiento de la parte del imperio era suficiente para que Morales declarase la alerta máxima, denunciando ante el mundo un posible “golpe de estado”. Bajo un libreto de la internacional socialista basado en Esopo, nuestro Pedro machacó hasta el último momento sobre la presencia del lobo, a tal punto de que todo lo que no era él y solo él era golpe.

¿Pero qué es un golpe —de Estado— y qué no? En un artículo académico aparecido en la Revista de Estudios Políticos, Franz Barrios(-)Suvelza (FBS) aborda la pregunta, utilizando el caso boliviano. En sus distintas etapas de investigador sobre lo que es y lo que significa el Estado, hay un denominador común en el enfoque de FBS: una preponderante importancia que brinda a los conceptos. FBS no ha dudado nunca en crear nuevos términos, reciclar otros tantos, o dar, como diría Henry James, otra vuelta de tuerca cuando se enfrenta a conceptos que, en la ciencia social que estudia al Estado, no son minuciosa y rigurosamente precisos y delimitados. El concepto de golpe es uno más de ellos.

La propuesta conceptual de FBS continua en la línea de, entre otros, dos estudios precedentes. El primero es el de Powell y Thyne (2011) que define a un golpe como una conjunción de tres variables: el perpetrador (élite militar u otra), el objetivo (desbancar al poder ejecutivo de un Estado) y la táctica (ilegal en principio). El segundo es aquél de Marsteintredet y Malamud (2020), que analizan el estiramiento del concepto golpe a distintas combinaciones de solo dos de los elementos de Powell y Thyne: si la táctica es legal, ¿es golpe? Si el perpetrador es “popular”, ¿es golpe? Si el objetivo es judicial, ¿es golpe? Todas estas combinaciones son denominadas “golpes con adjetivos”. La innovación de FBS con respecto a este estado del arte del golpe es la introducción de una cuarta variable de análisis, para el cual el autor desempolva el término “orden legal parcial” introducido por Kelsen hace más de cien años, conjuntamente con los verbos que lo activan, “quebrar” y “reencauzar”.

El “orden legal parcial” no es de fácil anclaje, puesto que evoca un “conjunto de reglas que regulan el régimen político”, es menor a una constitución, pero mayor a un cambio de autoridades. Contrariamente al trío perpetrador/objetivo/táctica, de naturaliza más descriptiva, el orden legal parcial se mueve sobre una escala, aquélla de la naturaleza del régimen de Estado, que de manera simplicadora tiene como extremos a los regímenes democrático y autoritario/autócrata.

En cuanto al quiebre, no podría haber un golpe si no se quiebra, como mínimo, un orden legal parcial —sino todo el orden constitucional—; este principio que no contradice a otros estudios sobre los golpes de Estado. La propuesta de FBS innova al plantear la necesidad de estudiar la existencia, o no, de un quiebre anterior. Si estamos frente a un orden legal parcial quebrado de antemano, y este quiebre es de cierta manera reparado por hechos como aquellos de octubre/noviembre 2019, entonces no estaríamos hablando de un golpe, sino de un reencauzamiento de Estado.

Golpe y reencauzamiento comparten su potencial bi-direccionalidad. Los golpes hacia un régimen más autoritario son más frecuentes, pero un golpe democrático no deja de ser un golpe. El reencauzamiento también puede dirigirse hacia el autoritarismo; no es un juicio moral, lo cual a ojos de un demócrata puede resultar chocante a primera vista, puesto que lo que se reencauza no es la democracia sino un quiebre anterior. Este reencauzamiento de Estado es entonces “una suerte de negación de una negación, o sea, significa un movimiento contra algo previamente contrariado”.

El concepto no deja de ser polémico, puesto que hay que demostrar el “desmontaje sistemático” previo del orden legal parcial. Justamente una de las críticas más importantes es que la evaluación de la existencia de un quiebre anterior es política y ex-post, a lo cual FBS replica que lo ideal es que sea objetiva. Por eso es importante poder contar con estudios actualizados permanentemente, que miden ya estos quiebres de manera continua. Por ejemplo, IDEA Internacional utiliza distintos indicadores para su publicación “El Estado global de la democracia”. Países como Venezuela o Egipto son calificados de autoritarios, otros como Turquía o Bolivia han pasado de ser democráticos a híbridos democracia-autoritarios. Son países que han visto su “Índice de Democracia”, publicado para 167 países por The Economist, caer los último cinco años y que han vivido episodios de inestabilidad en los últimos años. Es casi un orgullo que Bolivia sirva al desarrollo de la teoría del Estado. Es una pena que lo sea por estas razones.

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