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La convocatoria de candidatos al Órgano Judicial por parte del MAS al pueblo boliviano solo presenta ligeras variaciones con relación al proceso de 2011, pese a su premisa discursiva de no volver a cometer los errores de la pasada elección y garantizar que quienes asuman las magistraturas sean personas idóneas.

Es necesario transparentar la convocatoria judicial para los cargos a las magistraturas de nuestros máximos tribunales de justicia, sin manoseos ni injerencias; que se cumpla con el mandato de la Constitución para garantizarnos el control sobre el funcionamiento de la justicia, que se expresa en la más amplia sujeción de los fallos jurisprudenciales que aclararán los vacíos normativos y procesales en la búsqueda de la tan ansiada sociedad justa y armoniosa, con plena justicia social.

Por esa razón, el Gobierno no debe reincidir en lo funesto que fueron las pasadas convocatorias, proceso que tuvo una connotación política e ilegítima, en el que fue reprochable el procedimiento y la comprobación de la idoneidad y probidad de los candidatos, que recibieron un examen de conocimientos con preguntas filtradas a sus militantes, cuando lo que debió comprobarse era su capacidad, habilidad y destreza para estos cargos. Prueba de ello, los cargos no recayeron en los mejores juristas y, como consecuencia, nuestro país vivió una polémica política y judicial tras las decisiones de un exmagistrado del Tribunal Constitucional (TC) que dictaba sus sentencias dejando caer hojas de coca: viendo si se posaban en un lugar que él consideraba positivo o en otro que le parecía negativo, algo nefasto para nuestra administración de justicia. 

El TC es un órgano netamente técnico, con una función única y de valor vital en nuestra justicia, donde sus magistrados deben valorar en principio si cualquier decisión está acorde con la Constitución, las leyes y los derechos fundamentales, haciendo una revisión objetiva y minuciosa del Derecho Comparado, la doctrina y otros fallos jurisprudenciales a través de la ciencia del Derecho, con sapiencia, probidad y mucha responsabilidad social. 

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