Opinión

No ‘mundanizar’ Navidad

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25 de diciembre de 2018, 4:00 AM
25 de diciembre de 2018, 4:00 AM

El mundo creyente ha recibido una vez más con alegría el nacimiento de Jesús. En su mensaje navideño, el papa Francisco ha recomendado a los cristianos “no caer en la tentación de mundanizar” la celebración. Bergoglio considera que es bonito ver las compras, el arbolito adornado, el intercambio de regalos e incluso el festejo familiar, pero nada de eso tiene sentido si no se pone a Jesús en el centro.

Es evidente que se corre en estas horas el riesgo de mundanizar la celebración religiosa con el despilfarro de recursos y el desenfreno comercial, cuando el propósito de la fiesta es otro. Para los auténticos creyentes, el nacimiento implica el recibimiento del hijo de Dios, cuya conducta ha estado marcada por la austeridad en vez del consumismo.

De acuerdo a las reflexiones navideñas del papa Francisco, en una sociedad frecuentemente ebria de consumo y de placeres, de abundancia y de lujo, de apariencia y de narcisismo, Jesús llama a un comportamiento sobrio, sencillo, equilibrado, lineal y capaz de entender y vivir lo que es importante.

En la misma línea de Bergoglio, el arzobispo Sergio Gualberti ha exhortado en la reciente homilía dominical a no quedarnos solo con las luces artificiales, el comercio y el intercambio de los regalos en Navidad, sino que debemos dar un paso decisivo a abrir el corazón y hacer que los valores humanos y cristianos ocupen el lugar central de nuestra vida personal y de la convivencia social.

Vivimos tiempos muy complejos y de gran desaliento. Es cada vez más difícil para muchos ciudadanos encontrar satisfechas sus necesidades básicas. Es penoso observar migrantes que se chocan con inmensos muros que impiden alcanzar sus expectativas de sobrevivencia. A esta hora hay miles de niños sin agua, alimento o medicinas. La búsqueda incesante del poder para oprimir o anular al adversario se ha hecho un modo de vida. Las tiranías no han desaparecido, pese al desarrollo científico y tecnológico del planeta, que ha mejorado la vida de millones de personas.

El mundo está cada día más turbulento y difícil, con guerras declaradas y no declaradas que acrecientan la incertidumbre de la humanidad. Da la impresión de que a medida que avanza la civilización, las sociedades pierden el alma por ocuparse obsesivamente de la acumulación de capital y de los placeres mundanos. Hay países cada vez más ricos, pero infelices. El extravío individual y colectivo produce sucesos inexplicables y cada vez más sorprendentes, que desnudan las miserias humanas.

Bolivia no está ajena a una realidad global de peligrosa descomposición de valores fundamentales. En ese escenario complejo, la esperanza debe vencer al desaliento, si es que aspiramos a un mejor futuro. La Navidad es un motivo para reflexionar individual y colectivamente sobre el sentido de la vida. Y está claro que cada uno de nosotros ha venido con una misión que debemos descubrir y realizar.

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