Opinión

No todo está perdido

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15 de julio de 2017, 4:00 AM
15 de julio de 2017, 4:00 AM

Sudamérica está produciendo noticias para todo el mundo, aunque no necesariamente positivas.

La brutal represión de jóvenes venezolanos por el régimen de Nicolás Maduro es la página más negra de la región, pero hay algunas señales de esperanza, como las que dan los sistemas judiciales de algunos países por donde pasaron regímenes populistas, como Brasil y Argentina. 

Expresidentes de esos dos países son sometidos a procesos por corrupción y, en el primer caso, Luiz Inácio ‘Lula’ da Silva ha sido condenado a nueve años y medio de cárcel por delitos cometidos durante su largo mandato. En el caso de Argentina, la causa contra Cristina Fernández de Kirchner avanza un poco más lenta, pero se prevé un fallo condenatorio por los hechos de corrupción cometidos durante su gestión. Hay un tercer caso, en estos días, en que la justicia sanciona a un expresidente: en Perú el exmandatario Ollanta Humala ha sido condenado por hechos de corrupción y ahora guarda detención domiciliaria.

Lo que ha ocurrido en esos tres países es que la justicia no fue barrida por los regímenes populistas que reinaron durante más de una década. La institución de la justicia se mantuvo más o menos intacta en esos países, como lo demuestran los fallos que han comenzado a pronunciarse contra los expresidentes.

De Venezuela poco se puede esperar, aunque la actuación de la fiscal general Luisa Ortega es la demostración de que no todo está perdido. Una reunión hemisférica de 13 fiscales generales, realizada en Buenos Aires, dio su respaldo a la señora Ortega, que ahora defiende la institucionalidad de la justicia en ese tan atormentado país. En otras regiones del mundo no se dan estos espectáculos tan lamentables de políticos que llegan a la Presidencia y cometen toda suerte de delitos que, al final, cuando han dejado el poder, son causas para la apertura de procesos.

El pueblo venezolano está desafiando al régimen de Maduro con un plebiscito que podría marcar un nuevo comienzo para los venezolanos. Y Maduro también prepara un referéndum, para mantenerse en el poder. 

Las discrepancias centrales tienen que ver con la vigencia o no de la ley, de las instituciones democráticas. Un debate histórico en que Bolivia tendrá que participar tarde o temprano. 

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