Opinión

Nobleza obliga

Alejandro Arana Jáuregui 23/10/2020 05:00

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El 10 de octubre recién pasado, y a sólo un día de la gran final de Roland Garros, Goran Ivanisevic, el ex tenista y actual entrenador de Novak Djokovic, lanzó la bomba al vaticinar “Creo que Nadal no tiene ninguna posibilidad en estas condiciones. A Novak se le ha metido en la cabeza y es el favorito. Es posible que me la esté jugando, pero creo que Novak es claramente el favorito número uno para ganar Roland Garros". Como ya todos sabemos, su presagio no pudo estar más alejado de la realidad puesto que, Rafael Nadal no sólo ganó su decimo tercer título en París, sino que lo hizo propinándole a Djokovic una paliza tal que éste no tuvo más remedio que reconocerlo como lo que es, el Rey indiscutido de la arcilla.

Similarmente, pero en el contexto de la reciente contienda electoral, no faltaron aquellos iluminados que aventuraron pronósticos tan errados y poco meditados como los vertidos por Ivanisevic. Estaban quienes como el suscrito, no veían posibilidad alguna que el MAS gane las elecciones, una opinión que, mirando en retrospectiva, estaba fundada simplemente en un profundo anhelo más que en hechos concretos. Sin duda, fallaron en entender que, independientemente de la firme reacción del pueblo ante el innegable fraude electoral del año pasado y las recientes denuncias de pedofilia contra Evo Morales, la pobreza e ignorancia que lamentablemente abundan en nuestro país, son para el MAS, como la arcilla y París para Nadal, elementos que los hacen casi invencibles. 

Tampoco se puede olvidar la incorrecta evaluación de aquellos que durante los dos últimos procesos electorales rechazaron arrogantemente negociar con las otras fuerzas políticas cualquier acuerdo, creyendo que su porfiada exhortación al mal llamado voto útil, mismo que demostró una vez más ser inútil, sería suficiente para darles la victoria. Se equivocaron al ignorar que, en una contienda electoral, al igual que en el tenis, gana el que entra a la cancha mejor preparado y no quién pretende ganar por walkover pidiendo a todos sus contrincantes renunciar. También estuvieron los que, apostaron erróneamente por la estrategia de generar teorías conspirativas y desconocer las cifras que en todas las encuestas reiterada y claramente señalaban que no tenían alcance nacional. Lamentablemente, su accionar llevó a que cuando los resultados oficiales se hicieron públicos, muchos caigan en una gran decepción y otros tantos hayan optado por dudar de éstos o incluso llegar al desconocimiento de los mismos debido a un supuesto fraude, haciendo la agonía aún más larga y dolorosa. Precisamente, y respecto del presunto fraude que algunos sectores denuncian, se observa una indudable falta de previsión por parte de las principales agrupaciones políticas en disputa, las cuales no destinaron los suficientes delegados de mesa para controlar que no haya alteración alguna de las actas o denunciarlas si éstas eventualmente ocurriesen.

A la luz de tantos errores de cálculo, resulta por demás señalar la necesidad de un mea culpa por parte de todos los involucrados y que a futuro atiendan al sabio consejo del proverbio “No te jactes del día de mañana; Porque no sabes qué dará de sí el día”; nobleza obliga.