7 de abril de 2022, 4:00 AM
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El 28 de marzo de 2013, la árida frontera con Chile estalló de gente y alegría. El entonces presidente Evo Morales inauguraba el criadero de peces en los manantiales del Silala como la primera fase del proyecto de aprovechamiento de esos recursos hídricos. Fue show, porque el mandatario se hizo fotografiar sembrando alevinos. Solo habían pasado cinco fechas del Día del Mar y aquel era un claro mensaje a Chile: este es nuestro territorio.

Al año siguiente vino la segunda fase, la instalación de una planta embotelladora de agua. Desde la Gobernación de Potosí se anunció la inversión de 30 millones de bolivianos para tal fin. El mismo año, cuando se realizó la cumbre del G-77 más China, en Santa Cruz, se distribuyeron botellas con la etiqueta “Manantiales del Silala”. Se dijo, entonces, que se había producido 31.000 litros que recorrieron 1.300 kilómetros hasta llegar a su destino.

Pero, pasado el show, no había evidencias de que los proyectos funcionaban. La exigencia de pruebas era refutada por la Gobernación que, en el mejor de los casos, anunciaba la revitalización del proyecto de construcción de una embotelladora de agua.

Pasaron los años y la gente se olvidó de esos proyectos hasta que uno de los abogados de Bolivia en el juicio, el estadounidense, del mismo país que tanto detesta Evo, hizo una revelación nada menos que en el marco de la demanda que Chile presentó contra Bolivia en la Corte Internacional de Justicia (CIJ), con sede en La Haya. “En 2014, la piscifactoría era un asunto olvidado y era evidente que ni la presa ni la planta de embotellamiento iban a seguir adelante. En resumen, el asunto dejó de estar”, dijo Mr. Rodman Bundy.

¿Cómo creen que nos sentimos los potosinos? Estuvimos engañados durante nueve años.

Pero eso no es lo peor. Lo terrible es que hay cambios evidentes, radicales, en el discurso del Gobierno boliviano en relación a lo que se decía cuando estalló el diferendo por el Silala. El Gobierno de Chile siempre dijo que era un río internacional por una razón: cuando algo tiene ese carácter, pertenece a dos o más países. Si se declara que el Silala es internacional, entonces hay que compartirlo con Chile. Por eso, ese país pidió que la CIJ declare que el Silala es “un curso de agua internacional”. La sorpresa es que el Gobierno usa el mismo denominativo, “curso de agua internacional”, pero agregando dos palabras: “Artificialmente mejorado”.

En otras palabras, este es un juicio en el que la parte demandante pide algo y la parte demandada le da la razón. ¿Serán ciertas, entonces, las versiones, repetidas recién en Potosí por una escritora, de que Evo Morales rifó el Silala? ¿Cómo terminará esto? ¿Silala o Nolala?

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