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29 de julio de 2017, 4:00 AM
29 de julio de 2017, 4:00 AM

En la lejana adolescencia, cuando no sabía lo que era vivir bajo un régimen estalinista, la iniciación de relaciones diplomáticas entre Bolivia y la Unión Soviética fue la apertura a un mundo cultural deslumbrante, desde la presencia del director ruso en la Orquesta Sinfónica Nacional hasta otras actividades.

Hace poco, Alfonso Gumucio recordaba el significado de la llegada del poeta Yevgueni Yevtushenko (Eugenio Evtuchenko), gestionada por la Universidad Mayor de San Andrés. Ese recital fue para mí una epopeya, y el viernes 11 de junio de 1971 me fui muy temprano a ganar butacas en la segunda fila del Paraninfo Universitario. La numerosa familia quería escuchar al gran poeta, pues durante días mi padre nos había contado sobre él y sus poemas. Presencia le dedicó muchas notas. Escuchar a aquel enorme ser, desgarbado y mítico, de voz algo seca, recitar en ruso y en español, fue maravilloso. Sentí que el mundo llegaba a La Paz todavía provinciana. Aprendí a amar a Alexander Pushkin para siempre.

El ciclo de películas rusas en el cine 6 de Agosto fue otro gran momento. La premier proyectó La guerra y la paz (1967), que había cosechado grandes premios. La intervención de 120.000 soldados, “de verdad”, impresionaba a los espectadores. Imposible olvidar la llegada de la mejor Natasha de la historia del cine, Ludmila Savelyeva. Ella esperaba al ingreso de ese maravilloso hall con la escalera de espiral, vestida de azul y con el ramo de flores en sus brazos. Trémulo, el poeta y crítico de cine Julio de la Vega besó su mano. Lloramos y sentimos el filme como solo puede suceder en una sala a oscuras. No faltaron las versiones sesenteras de Ana Karenina, Crimen y castigo y el mejor Don Quijote, en blanco y negro, con el flaquísimo actor y su larga lanza y el Rocinante que se partía en dos mientras intentaba trotar con su amo. Ludmila apareció después en Los Girasoles de Rusia junto a Sophia Loren.

Por ello fue muy emocionante asistir hace poco a un acto organizado por el Colegio Ruso Boliviano para recordar hechos históricos de la Segunda Guerra Mundial. La URSS fue la nación que sufrió más bajas, entre ocho millones –la cifra más conservadora– y 40 millones. De tiempo vi videos sobre la guerra, afiches de la Revolución centenaria, desde la versión rusa y no desde Hollywood.

La historiadora Eugenia Bridikhina interpretó una canción dulce y dolorosa sobre aquel que regresa a casa dejando tantos amigos en el campo de batalla. Ojalá siempre podamos conocer diferentes versiones sobre los hechos de la historia. 

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