Opinión

Nuestra salud, ni gratuita ni servicio

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9 de marzo de 2017, 4:00 AM
9 de marzo de 2017, 4:00 AM

Cuando me sentaba a escribir estas líneas, me topé en la misma página del periódico tres noticias imperdibles. Alguien se enorgullecía de que el 25% de los destinatarios del seguro gratuito de salud ya lo tenían. Al lado contaban que una iglesia ortodoxa bajaba los precios de su atención médica. Otra nota anunciaba operaciones de labio fisurado, sin costo.

Gritan como un triunfo que una minúscula minoría tiene salud gratuita. Y lo gritan sin fijarse que ese servicio en nuestros hospitales es desastroso. Es atención sin los equipos necesarios y sin los servicios complementarios, que lo convertirían en auténtico servicio. Es salud sin los médicos suficientes. Es salud sin remedios y sin calmantes. Es un servicio sin dedicación, sin respeto y sin cariño. Por último es un servicio de algunos días al año, solo cuando a los sindicatos de salud les da la gana.

Si no, ¿por qué viene en nuestro auxilio la Iglesia ortodoxa? ¿Por qué hay consultorios y postas de cientos de iglesias evangélicas y de la católica? ¿Para qué las campañas de benefactores bolivianos y extranjeros que organizan operaciones gratuitas de labios fisurados, de columna, de corazón, de quemados, de ojos? No es porque estamos igual que Suiza. Es porque saben que esa es nuestra peor carencia, la angustia más cruel de nuestra gente. Saben que aquí no hay atención, no hay espacio, no hay remedios.

¿Por qué cree usted que el artífice de nuestro servicio de salud no se acerca a nuestros hospitales? Sabe mejor que nadie que no sirven, que nunca el Gobierno los tomó en serio. Con la gente importante se desvivirían por hacerlo bien y por ofrecer su mejor sonrisa. Pero ni así se atreve. Más vale irse a Cuba.

Creo que en la Constitución llegaron a decir que la salud es un derecho humano fundamental. Por lo menos lo plantearon. Aunque sea parte del derecho a la vida, quedó como declaración poética. Los Estados de todo el mundo asumen la responsabilidad de ofrecer a toda su población el servicio de salud. Solo nosotros vamos en contra flecha. Aquí es más importante comprar aviones y juguetes para los militares o construir palacios para los gobernantes. Aquí no hay salud, porque el presidente necesita todo el presupuesto para regalar obritas y para hacerse propaganda.

El problema no es económico. Es político. Ni el servicio de salud que pagan los trabajadores es de calidad. Lo administra el Gobierno, que no entiende, ni le importa el servicio 

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