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Nuestro destino futuro

Renzo Abruzzese 17/11/2020 05:00

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La salida de Evo Morales obedeció en última instancia a un alzamiento popular generalizado en el que a la emergencia de las clases medias le siguieron todos los sectores de la sociedad boliviana. No se trataba de un momento en que el hastío por el estilo autoritario del MAS había alcanzado su máximo nivel, en realidad, Bolivia vivía la implosión de un proyecto originario-campesino que el MAS instrumentalizó en función casi exclusiva de dos personajes centrales: Evo y Álvaro. El primero bajo la égida de un egocentrismo desmedido y el segundo bajo el espectro de una teorización que, al no desprenderse de los parámetros de la vieja izquierda marxista, terminó condenando al fracaso el proyecto pluricultural.

El proyecto de una sociedad plurinacional se quebró cuando Evo y su vicepresidente priorizaron sus propias posibilidades y aspiraciones políticas personales. 

Prioridades que pasaban por aliarse con la burguesía nacional y la instrumentalización utilitaria de los movimientos sociales. El primero fue el que mayores ventajas logró, los segundos terminaron en condición de acólitos sin más proyecto que usufructuar del poder lo más posible. El resultado fue desastroso: clientelismo, prebendalismo y corrupción.

La posibilidad de construir una sociedad plural e integrada fue secuestrada por la ambición de dos líderes que arrastraron las fuerzas sociales que se habían formado en décadas, a un esquema corporativo y un discurso engañoso bajo una parafernalia etnocéntrica. Alguien dijo con absoluta razón que el MAS y Evo eran expertos en vendernos ilusiones, pues bien, la ilusión de un país étnica, racial, política y culturalmente integrado se fue al tacho.

La transición después del colapso del masismo devino en una suerte de interregno sin derrotero histórico. Ni tuvo proyecto ni debía tenerlo. La súbita postulación presidencial de Áñez fue por ello un error de dimensiones colosales. La transición se transformó en un salto al vacío.

¿Qué queda ahora? Posibilidades inciertas. Incertidumbre. Un MAS cuyo proyecto fue rifado. 

Una clase media que con la división de la oposición se encuentra huérfana y apostará a cualquiera que le dé certezas, así sea el MAS. Un Carlos Mesa al que cada vez se le hace más difícil capturar sectores rurales, y un Evo Morales que sabe que la única posibilidad que tiene de reposicionar su proyecto político es radicalizándolo a la cubana o venezolana. También sabe que esto sería una misión titánica, pues tiene en frente una sociedad civil renovada y dispuesta a dar batalla.

En el confuso horizonte que se vislumbra, encontramos una sociedad civil que ha cristalizado la idea de una democracia liberal que ya no está dispuesta a permitir experimentos. Un campesinado que sobrevive el péndulo del radicalismo evista o la integración a largo plazo, y una burguesía nacional que apostará por el mejor postor. 

Cualquiera de las fuerzas sociales que evoque el pasado inmediato está condenada al fracaso, lo que implica que todos los proyectos históricos nacionales, desde el nacionalista revolucionario del MNR hasta el plurinacional del MAS están agotados. En el fondo, más allá de las formas, el problema es que hemos perdido una visión histórica y no tenemos proyecto de reposición.

Presenciamos un momento en que Bolivia tiene un gobierno que no puede hacer lo que ya hizo, una oposición que no sabe qué tiene que hacer, y un caudillo que, teniendo al menos un tercio del poder social, solo puede radicalizarse en una maniobra suicida que, además, nadie se lo permitiría (a no ser que sea de la forma más violenta y represiva posible)

Probablemente por todo esto, se percibe en el ambiente un clima que sugiere que estamos atravesando un periodo del que puede salir una Bolivia mejor o una Bolivia peor. Lo grave es que ni para uno ni para otro tenemos la más mínima certeza, tampoco el líder adecuado, y menos el ideario que reconstruya una nación devastada por sus propios errores.