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Anoche se presentaron ante el Órgano Electoral Plurinacional las listas de candidatos a alcaldías y gobernaciones del país y con ese procedimiento prácticamente se dio la largada, a la manera de una carrera de coches, a la competencia para alcanzar el poder..

La oficialización de unas candidaturas y la aparición de otras sorpresivas y de último momento configuran un espectro de lo más variopinto en el país, con algunos detalles que llaman la atención a primera vista en estas pocas horas.

Primero, se produjeron algunos abandonos no poco relevantes en el Movimiento Demócrata Social de Santa Cruz: a la salida de Óscar Ortiz y Vladimir Peña -dos de los cuatro principales dirigentes de ese partido- le sucedió la renuncia de la expresidenta Jeanine Áñez que formalmente aún formaba parte de esas filas, aunque en los hechos estaba bastante distanciada desde que conducía el país en el Gobierno transitorio.

Áñez apareció como sorpresiva candidata a la Gobernación de Beni por la alianza Ahora, conformada por Unidad Nacional y la agrupación Hagámoslo por Beni.

En el MAS, los problemas tampoco son menores. En El Alto la candidata natural, Eva Copa, ex presidenta del Senado, fue relegada por el jefe del partido y ella decidió abandonar las filas del masismo para presentar su candidatura a la Alcaldía con otra sigla.

En Santa Cruz, hasta las últimas horas de ayer había tres candidatos del MAS a la Gobernación del departamento. Si bien en las listas ahora aparece solo uno, los dos descartados no salieron de la postulación por voluntad propia, sino de manera forzada y por tanto con el descontento entre las manos.

En el caso del MAS, la elección de candidatos también puso en evidencia la parcial pérdida de control que experimentó el jefe de partido y jefe de campaña Evo Morales, de quien ahora algunos dirigentes rechazan el ‘dedazo’ acostumbrado con el que él elegía y nombraba a los candidatos, en prácticamente todas las regiones del país.

Eso pasó en Lauca Ñ en la ahora recordada jornada del sillazo, donde las bases no aceptaron al candidato de Morales y se lo hicieron saber con una guerra de sillas voladoras. Una ruptura similar se produjo en El Alto, donde si bien Morales impuso a su candidato, perdió a Copa, que tiene aparentemente el apoyo de varias juntas vecinales de esa ciudad.

Habrá mucho aún por decir de las candidaturas presentadas al filo de la medianoche, pero por ahora sería interesante que los candidatos se propusieran hacer algo distinto en su proselitismo, en concordancia con los nuevos tiempos y la renovación, sin abandonar sus pretensiones y estrategias para conquistar el poder, pero que cuando menos se propongan hacer del respeto una norma de sus campañas.

Respeto a la ciudad, primera víctima de los pintarrajeados grotescos, el empapelado y la destrucción del denominado ornato público; y también respeto al adversario: en lugar de las descalificaciones vendría bien destinar esas energías a la elaboración de propuestas útiles y necesarias para los habitantes de la región, para la ciudad y el departamento.

Conociendo la tradición política boliviana en tiempos de campaña, eso que es poco parece mucho pedir, pero en algún momento tiene que producirse un quiebre de los hábitos nocivos para dar paso a nuevas culturas proselitistas. No queremos vivir por siempre en el pasado; aspiramos, como ciudadanías nuevas y responsables, a similar conducta de los que finalmente terminan siendo representantes y autoridades del pueblo.

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