Opinión

Nueva oportunidad para el diálogo

17/9/2018 04:00

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En la más reciente reunión de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia con el presidente y el vicepresidente del Estado, tomamos la decisión de reactivar el proceso de diálogo que, por diversos motivos, se había detenido en los últimos meses. Es un esfuerzo que lleva más de dos años y que puso a prueba la voluntad y paciencia de ambas partes, la capacidad de abrir espacios de confianza e idear propuestas comunes, en un amplio abanico de temas, demandas, urgencias y agendas diversas y complejas.

Este esfuerzo, -primero por reconocernos como dos actores de un mismo escenario y luego por evidenciar que ambos buscamos objetivos comunes-, no ha tenido la fluidez suficiente para trascender los temas coyunturales y generar resultados rápidos y efectivos.

Pese a esta lentitud, que a veces ha producido fatiga y pesimismo, hemos vuelto a apostar por este camino, no solo por el mandato de nuestro congreso, sino porque creemos sinceramente que el diálogo horizontal, respetuoso y transparente es la única receta para hallar soluciones expeditas que nos permitan seguir apuntalando el progreso del país, avanzar en objetivos como sociedad y sobre todo solucionar nuestras diferencias.

Cuando el sector privado insiste en la necesidad de abrir estos espacios, está demandando soluciones a problemas que no solo afectan a las 100.000 empresas formales, actualmente activas, sino a las más de 800.000 micro y pequeñas unidades económicas que hay en el país y, sobre todo, a millones de personas que trabajan en el ámbito privado, y cuyo bienestar, tranquilidad y el de sus familias, depende muchas veces de los acuerdos a los que se lleguen en mesas de trabajo, entre quienes toman decisiones desde el gobierno y quienes representamos al sector emprendedor del país.

Desde la implementación de las mesas de diálogo en 2016, presentamos al gobierno 81 proyectos viables, además planteamos legítimas demandas de los distintos sectores del empresariado nacional, y requerimos la atención a graves problemas como la informalidad y el contrabando que destruyen a la industria boliviana; la presión salarial y tributaria, que afecta cada vez más a las Mypes y precariza el trabajo; la seguridad jurídica dañada por medidas como la Ley de Empresas Sociales; la necesidad de apoyar a regiones cuyas economías se están debilitando cada vez más y; la urgencia de defender la producción nacional, entre otros.

Todos estos temas son sustantivos para Bolivia y tienen que ver con la calidad del empleo y el salario, con la disminución de la pobreza y con la propia dignidad de los bolivianos, pero también con el equilibrio comercial y fiscal, el crecimiento del PIB, la competitividad y las inversiones externas, y por eso forman parte de la agenda de diálogo, en la que la CEPB está empeñada en los últimos años.

Para nosotros, el diálogo no es oportunismo ni estrategia, es una responsabilidad con el país y así debemos asumirlo, como un espacio donde intercambiamos opiniones distintas que finalmente converjan en un resultado común, demostrando apertura, escuchando argumentos distintos, discerniendo, discrepando y acordando, pero sobre todo demostrando capacidad de mirarnos como iguales y respetar nuestros roles y representatividad. Por eso mismo vamos a insistir en este camino, con la misma vehemencia, exigiendo que ahora sí podamos encontrar soluciones reales y concretas a los problemas más urgentes, más allá de diferencias, desacuerdos o desencuentros. El desafío está planteado y la decisión del empresariado boliviano está dicha.

 

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