Escucha esta nota aquí


Este lunes juraron a sus cargos nuevos alcaldes, gobernadores, concejales municipales y consejeros departamentales en todo el país, en el inicio de un nuevo tiempo político y ojalá de desarrollo para provincias, ciudades y regiones, después del periodo democrático más largo de toda la historia, pues los mandatos se extendieron de cinco a seis años y cuatro meses por la pandemia.

Hoy el país tiene nuevas autoridades surgidas del voto popular y como tales merecen no solo el respeto, sino que deben ser tomados en cuenta por el Gobierno nacional en la coordinación de políticas y actividades en beneficio de la población, en este tiempo particularmente en la atención de la salud.

Ya pasó la campaña electoral, y con ella deben quedar enterradas aquellas amenazas del presidente Luis Arce de coordinar, dar vacunas o apoyar con recursos solo a los municipios o gobernaciones controladas por militantes de su partido, el Movimiento al Socialismo. Los bolivianos son todos por igual, y establecer preferencias es antiético, discriminatorio e ilegal.

Como todo comienzo, el inicio de centenares de nuevas gestiones en el país resulta auspicioso por el entusiasmo con que asumen las nuevas autoridades, por el desafiante ejercicio de la función pública y particularmente porque en casi todas las alcaldías y gobernaciones se ha producido un cambio de liderazgos y una renovación generacional auspiciosa.

La mayoría de las autoridades que ayer juraron identificaron a la salud y la necesidad de adquirir vacunas de manera autónoma como una de las prioridades de este primer tiempo en que el país observa un nuevo aumento de casos positivos, ante la inminente llegada de la denominada tercera ola de la pandemia.

En este sentido, será determinante que el Gobierno central flexibilice las condiciones para que municipios o gobernaciones puedan hacer sus gestiones independientes para adquirir las vacunas, dado que con el paso del tiempo la oferta del inyectable comienza a ser más accesible para instituciones y gobiernos.

En el caso específico de Santa Cruz, se ha visto con buenos ojos la elección de los gabinetes de colaboradores tanto del nuevo gobernador como del nuevo alcalde, porque en varios de esos casos se invitó a personalidades reconocidas en sus respectivas áreas de especialización. Hay muchos kilómetros de distancia entre una mujer que dedicó toda su vida a la cultura y los libros, frente a un jovenzuelo sin experiencia ni criterio, reclutado de un reality de la televisión. Y eso es para aplaudir.

Luis Fernando Camacho se estrena como autoridad departamental, después de liderar con valentía la lucha contra el fraude electoral de octubre de 2019, mientras que Jhonny Fernández vuelve al mismo puesto que ocupó hace 19 años y esta vez no tiene margen para el error tras aquella poco afortunada primera vez que ocupó la Alcaldía cruceña, hoy la más grande del país.

Que todas las nuevas autoridades tengan éxito durante los cinco años que les espera; que hagan de la función pública una oportunidad para el servicio y no una ocasión para la corrupción; que descubran que encontrarán más satisfacción en el trabajo y sus resultados que en las veleidades y peor la arrogancia del poder; que sus electores reconozcan en esas acciones a los líderes que eligieron; que constaten con frecuencia que no se equivocaron al votar por ellos; que alcaldes y gobernadores le devuelvan al país la confianza en la política, tan desprestigiada y rechazada por la gente tras muchas decepciones en el espacio nacional, pero también en el regional.



Comentarios