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Ante medidas que requieren urgencia, la Cumbre climática COP26 se inició con cautela. En su antesala, la reunión del G20, se consensuó el aporte de inversiones por 100.000 millones de euros a modo de colaboración a países en vía de desarrollo que implementen acciones y políticas concernientes a compromisos medioambientales.

El poderoso G20 capitaliza el 80% de la riqueza mundial y un 60% de la población mundial, pero además el grupo de estas naciones es responsable del 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Esta mayoría dispone y regula las normas que conciernen a todos.

Los dirigentes de estas 20 naciones asumieron el compromiso, aunque no queda claro en qué tiempo, limitar el calentamiento del planeta a +1,5ºC respecto a la era preindustrial y a reducir el uso del carbón.

El objetivo de +1,5ºC como límite del calentamiento del planeta fue establecido por la comunidad internacional hace seis años, en el Acuerdo de París, sin embargo, esta premisa está siendo incumplida y lamentablemente las proyecciones estiman que el mundo se dirige casi al doble, +2,7ºC.

Ante la presión de expertos, científicos y otros líderes mundiales para que tomen medidas más contundentes, estos “números” no son suficiente.

A colación ayer en Glasgow se abrió, hasta el 12 de noviembre, la denominada Conferencia del Cambio Climático de la ONU (COP26) bajo el signo de la urgencia. Su presidente, el ministro británico Alok Sharma, remarcó como una “última oportunidad” para disminuir el calentamiento del planeta que hoy padece inusuales inundaciones, ciclones, incendios forestales, altas temperaturas y sequías que evidencian el desequilibrio ambiental que sufre la Tierra.

“Sabemos que el planeta que compartimos está cambiando a peor”, dijo el ministro británico, al abrir el evento. La pregunta es ¿porqué no se está haciendo nada al respecto?. Y si los intereses económicos que lo impiden son más fuertes, ¿cuáles son los mecanismos de solución para confrontar este problema?

En esta cita los países se comprometen, por ejemplo, a reducir las emisiones, una de las principales causas del calentamiento. Entre las acciones de emergencia también urge detener las inversiones, subsidios y proyectos que tienen que ver con los combustibles fósiles.

Pero se trata de producción y consumos responsables que también están en manos de privados y del ciudadano. El ser humano está contaminando el agua más rápido de lo que la naturaleza puede reciclar. Más de mil millones de personas no tienen acceso al agua potable. Los hogares consumen el 29% de la energía mundial y contribuyen al 21% de las emisiones de CO2 resultantes. La participación de energías renovables no alcanza al 20%. 

Se estima que un tercio de toda la comida producida se pudre en los cubos de basura. Además de malos hábitos de consumo para corregir, en la práctica cotidiana, la industria y el transporte juegan un papel fundamental en la descarbonización del medio ambiente. También la necesidad de preservar los bosques, de saber utilizar los residuos plásticos y de empezar a fabricar con otras materias primas que no destruyan a la naturaleza, todo esto nos ayudará a evitar la catástrofe que se proyecta en las próximas décadas.

Nunca antes Glasgow estuvo tan cerca, porque el debate y la solución es aquí y ahora, así como nuestros problemas de degradación del medio son de todos. La emergencia climática es ahora mismo.

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