Opinión

Obligados a rebelarse y a confrontar

Maggy Talavera 21/5/2017 10:00

Escucha esta nota aquí

Un incidente registrado el jueves pasado en la plaza 24 de Septiembre de Santa Cruz de la Sierra ha encendido nuevamente una luz de alerta sobre los peligros que la acechan. No por causa de la delincuencia común, que sin duda es un problema cada vez mayor, sino a raíz de las dificultades que enfrentan a diario los vecinos para hacer valer su voz ante las autoridades y funcionarios que administran la ciudad. No hay opción al reclamo formal, al debate serio y a fondo de los temas que preocupan a los vecinos, y menos aún al control abierto e irrestricto de la administración de los bienes y recursos del municipio.

Este extremo quedó en evidencia la noche del pasado jueves. Una veintena de vecinos de la ciudad trató de hacer escuchar su protesta al alcalde, que se dio cita en la plaza junto a un grupo de funcionarios. Fue misión imposible. El grupo fue cercado por varias decenas de hombres y mujeres que no solo les impidieron el paso de la Manzana Uno a la plaza, sino que además se dieron a la tarea de destruir sus carteles y pizarras en los que se leían las consignas de protesta. Con una yapa que da cuenta del abuso de poder por parte del equipo municipal: el uso de gendarmes municipales para cubrir a los del cerco.

Fue ni más ni menos que una réplica de la ‘receta’ que aplica el Gobierno central contra quienes osan reclamarle algo o manifestarse en contra de algunas de sus medidas en la plaza Murillo de La Paz. Pero a diferencia de las críticas que le llueven al Gobierno cada vez que aplica esa ‘medicina’ en las alturas, a los abusivos de estas llanuras se les quiere eximir de toda y cualquier censura, esgrimiendo argumentos que no guardan coherencia con los principios de democracia, participación y control social que se le exige al poder central, y menos con la defensa de gestión transparente, para un desarrollo sostenible.

Urge hablar claro al respecto. Nuestro gobierno local está manejando de manera muy discrecional los recursos y bienes del municipio, carece de mecanismos de control social eficientes y efectivos, está sentando un precedente nefasto al permitir y hasta alentar la usurpación de funciones del Ejecutivo por parte del Legislativo, además de fomentar aún más la prebenda para cooptar todo tipo de liderazgo y organizaciones, hostigando y hasta defenestrando a quienes osan pedirle rendición de cuentas o destapan lo podrido. Frente a una realidad como esta, marcada por las imposturas y el agotamiento de las buenas instancias, ¿quedan otros recursos que no sean los de la rebeldía y la confrontación? 

Comentarios