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Es habitual que los procesos electorales, particularmente el día de los comicios, sean acompañados en los países por diversos observadores de organismos internacionales, suelen ser del sistema de Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos (OEA), organizaciones relacionadas con los órganos electorales de los países y otras agrupaciones.

Están las misiones oficiales y las oficiosas. Al grupo de las oficiales pertenecen aquellas organizaciones que mayor credibilidad tienen en la región, y el papel de algunas de ellas es muy importante; de hecho, probablemente sin la presencia de la misión de la OEA hubiera sido muy difícil convencer y probar ante el mundo que el 20 de octubre de 2019 hubo un grosero fraude electoral en Bolivia.

En casos como el de la OEA, no se trata de misiones de simple ‘observación’, es decir, no son funcionarios que llegan y miran cómo se desarrolla la elección, sino que tienen trabajo técnico, casi de auditoría técnica, que les permite tener un criterio bastante más amplio y profundo de las cosas que el de la simple ‘observación’ visual del día de la elección.

Afortunadamente, en el mundo globalizado que vivimos existen esas posibilidades que dan garantías allí donde hay dudas de transparencia, como ocurrió el año pasado.

En esta nueva elección, el gran árbitro de la pugna de candidatos, el Tribunal Supremo Electoral, es un grupo confiable de vocales elegido para reemplazar a una banda que hoy está siendo procesada por múltiples delitos. Pero aún así, las misiones de observadores son muy necesarias y bienvenidas al país.

Pero junto a esas misiones serias de observadores también llegaron al país otro tipo de diversos invitados a hacer una observación oficiosa de la elección, pero que lamentablemente no son confiables porque vienen invitados por organizaciones políticas.

Algunos de esos invitados son afines a la corriente populista del Grupo de Puebla y otros son de partidos de izquierda de algunos países de Europa, completamente alineados con un partido, el Movimiento al Socialismo.

Solo para conocer un ejemplo, un grupo de esos invitados, que se autodenominan de ‘observación electoral’, es un grupo de parlamentarios españoles de partidos de izquierda y populistas, que ahora son gobierno en España, que comenzó descalificándose al afirmar en una conferencia de prensa que Bolivia vive una elección anómala porque ‘el gobierno que organiza esta convocatoria electoral es un gobierno de facto impuesto por un golpe militar’.

Vergonzosamente, ese grupo se considera parte de una misión integral de la Unión Europea, se presentó con la bandera azul estrellada de esa Unión -con lo cual manchan también a la controvertida UE- y su presencia en el país debe llamar la atención de todos los ciudadanos bolivianos para estar atentos a las acciones que desarrollen mientras permanezcan en el país.

Es que en estos tiempos, quienes mejor organizados están y más recursos tienen para desplazar misiones -y a veces también agitadores expertos en generar ambientes de convulsión social- son las organizaciones populistas y de izquierda en el mundo, y el gobierno anterior ha estrechado muchos lazos con ellos. Recordemos la enorme cantidad de encuentros, cumbres y otros eventos que el gobierno de Evo Morales organizó en Bolivia y financió con recursos del Estado boliviano.

Hay, pues, observadores y observadores, y los bolivianos tenemos que tener la capacidad de distinguir a unos de los otros en la histórica elección de este domingo 18.