Opinión

Odebrecht, la punta del iceberg

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5 de julio de 2017, 4:00 AM
5 de julio de 2017, 4:00 AM

Cuando Brasil revele los nombres de los funcionarios y políticos en 11 países sobornados por Odebrecht, paralizará aun más a varias de esas naciones. Provocará además nuevas preguntas acerca del funcionamiento y naturaleza de lo que el Departamento de Justicia de EEUU llamó “El caso de soborno internacional más grande de la historia”. Estamos por darnos cuenta de que lo que sabemos de Odebrecht es solamente la punta del iceberg.

Lo que sabemos es que desde la década pasada la empresa constructora pagó miles de millones de dólares en coimas para ganar contratos multimillonarios de infraestructura y obras públicas en 12 países. Así llegó a corromper a la administración y a las finanzas públicas, a la justicia y a los partidos y campañas políticas a lo largo de la región.

Sabemos que la empresa y los políticos involucrados se enriquecieron con el apoyo oficial e ilícito del Estado brasileño. A través de Petrobras se ganaron contratos de manera ilegítima y, a través del banco estatal de desarrollo, se apoyaron proyectos financieramente cuestionables. Mucho de lo que sabemos se debe al acuerdo judicial entre Odebrecht y el Departamento de Justicia de EEUU. Sin embargo, Leonardo Coutinho, editor de la revista brasileña Veja y uno de los principales periodistas que investiga el caso, sugiere que ese acuerdo podría estar “lejos de representar la real dimensión”. 

Basándose en testimonios más recientes de ejecutivos de Odebrecht, por ejemplo, Coutinho toma nota de que entre el 2006 y el 2014 la empresa pagó $us 3.300 millones en sobornos. Pero en algún momento, el valor de las coimas empezó a sobrepasar el valor de las ganancias de la compañía. 

¿Dónde se originó ese dinero y para qué sirvió? Parece que para mucho más que lo que hasta ahora se reconoce. El análisis de Coutinho sugiere que Odebrecht podría haber sido una estructura para el lavado de dinero a gran escala. Podría además haber sido usado para fines ideológicos. Hizo pagos ilícitos a todo tipo de políticos y gobiernos en la región, pero, según Coutinho, fueron los gobiernos de izquierda los que utilizaron este financiamiento de la manera más astuta. 

Odebrecht financió la campaña presidencial de Mauricio Funes, quien abrió las puertas para que el FMLN se apoderara de El Salvador. Allí y en Perú, Venezuela y Colombia, se enviaron asesores políticos cercanos al brasileño Lula da Silva y se desembolsaron dineros sucios de Odebrecht. No solo fue Odebrecht sino otras empresas brasileñas que hacían lo mismo con el respaldo del sistema político brasileño. Estamos por descubrir cuáles otros países, bancos, abogados e instituciones hasta ahora no vinculados a este escándalo también caerán.

Pese al aspecto ideológico, coincido con Coutinho cuando describe el asunto como “una estrategia político-criminal para llegar a, y principalmente perpetuarse en, el poder”. Ojalá que la condena que pronto recibirá Lula en las cortes brasileñas acelere las investigaciones sobre la corrupción continental que floreció bajo su liderazgo. 

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