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30 de septiembre de 2017, 4:00 AM
30 de septiembre de 2017, 4:00 AM

“Cuando me negué a vender mi cuerpo me vendieron a otro prostíbulo”. Este es el testimonio desgarrador de una niña nepalesa de 13 años llamada Skye, traficada por familiares a la India. La historia de Skye tiene un mejor final que la mayoría de los casos. Junto con su hermana, Skye se escapó del prostíbulo, volvió a la escuela y ahora trabaja para la organización nepalesa mundialmente reconocida que la rescató: Shakti Samuha. Sin embargo, por cada superviviente como Skye, miles sufren en silencio, amordazados por la amenaza de la violencia y el chantaje. 

Esas personas, que suelen trabajar en explotaciones agrícolas y fábricas, son obligadas a participar en la industria del sexo e inducidas engañosamente a abordar embarcaciones de pesca. La gama de actividades que estas víctimas realizan bajo coacción es tan grande como el número de lugares donde se encuentran. 

Hoy en día es preciso que todos estemos vigilantes para detectar las señales de esta trata de esclavos contemporánea: mujeres y niñas explotadas y violentadas sexualmente; niños asustados que mendigan en las calles; y grupos de trabajadores que viven en condiciones miserables en su lugar de trabajo. Estas son las duras pruebas de un delito que acosa a todas nuestras sociedades. 

¿Cómo se ha podido llegar a esto en los albores del siglo XXI? Incontables víctimas se ven atrapadas en la desesperanzadora vorágine del tráfico ilícito de migrantes y la trata de personas. El combustible que alimenta estos delitos es la inestabilidad y la inseguridad. 

Los conflictos en el Irak y Siria, sumados a la crisis económica en muchos otros lugares, han desatado una oleada de humanidad desesperada que se desplaza por el Oriente Medio, el Norte de África y el letal Mediterráneo. En su búsqueda de refugio, esas personas caen fácilmente en manos de traficantes y contrabandistas. Miles de ellas están muriendo. 

El año pasado, con la Declaración de Nueva York, las Naciones Unidas enviaron un apremiante mensaje: que los refugiados y los migrantes necesitan protección y asistencia. Los Estados acordaron regresar a Nueva York en 2018 a fin de aprobar un Pacto Mundial en materia de migración. El pacto será el primer acuerdo negociado por los Gobiernos que abarque todos los aspectos de la migración internacional. 

La migración es un problema de nuestra época y existe una necesidad real de dilucidar sus causas profundas, entre las que se cuentan los conflictos; no obstante, todos podemos estar de acuerdo en que los refugiados y los migrantes no deberían ser tratados como delincuentes. Es por ello que el pacto puede servir de guía y los Estados pueden demostrar su apoyo aceptando y aplicando la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional y sus protocolos sobre la trata de personas y el tráfico ilícito de migrantes. 

Disponemos de las herramientas para desarticular las redes de la delincuencia organizada mediante el intercambio de inteligencia, las operaciones conjuntas, las investigaciones financieras y la coordinación en las fronteras locales y regionales. Pero se requieren recursos y un compromiso inquebrantable. 
Los delincuentes se aprovechan de ciertas lagunas de nuestro sistema internacional que dejan a las personas indefensas y vulnerables a la violencia y la esclavitud. Nuestra respuesta debe basarse en el estado de derecho; además, debemos trabajar juntos, compartir la responsabilidad y reconocer que podemos y debemos hacer más para poner fin al sufrimiento humano. 

La Unodc promueve un fondo fiduciario para las víctimas de la trata que ha contribuido a la supervivencia de miles de víctimas en todo el mundo. Nuestra singular Campaña Corazón Azul respalda ese fondo y constituye un poderoso instrumento de promoción para transmitir enérgicamente el mensaje de que todos debemos actuar si los delincuentes han de ser derrotados. 

Esos esfuerzos son vitales. En México, la campaña de la Unodc #Aquiestoy, que goza de apoyo gubernamental, da voz a las víctimas y muestra que la trata no está ocurriendo en una lejana y remota orilla, sino a nuestro alrededor. 

Si se aprueba en 2018, el Pacto Mundial tiene un inmenso potencial para fomentar la migración segura, ordenada y regular y para asestar un golpe concertado a los contrabandistas y traficantes. Esta es una oportunidad generacional de ayudar a todos los seres humanos a vivir con dignidad. ¡Atrevámonos a aprovecharla!

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