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En toda sociedad o comunidad humana se da un orden social, produce orgánicamente un mínimo e imprescindible orden social para lograr la convivencia social, con independencia –y esto es muy importante– que los ciudadanos sean conscientes o no de ello, hay que marcar que no todos los individuos asocian el espacio social donde viven, muchos creen, y están muy contentos con esa creencia, que el barrio Las Palmas no tiene nada que ver con el Plan 3.000, Equipetrol con la Pampa de la Isla, y menos aún Puerto Quijarro con Achacachi en La Paz. Sin embargo, están relacionados y son en distinto grado interdependientes económica y políticamente.

Un orden social es, ante todo, una representación del mundo, una determinada manera de ver y entender el mundo, en la cual los agentes creen y, por tanto, viven de acuerdo a esa forma de ver el mundo, ayudando así a reproducirlo. Y todo orden social es producto de la resolución de luchas sociales y políticas en un tiempo y espacio determinado, porque en toda sociedad existen de hecho tantas formas de entender el mundo social, como grupos, clases y facciones, cada uno con sus específicos intereses económicos y culturales. 

Así, si le preguntamos, o mejor dejamos a las asociaciones de comerciantes gremiales y a los sindicatos de micros que definan cómo será la ciudad, los mercados y el transporte público, obtendremos una determinada ciudad y orden social acorde con su visión de sociedad y cultura. 

Si ampliamos nuestra visión a la región y le preguntásemos a los ‘colonos’ de Yapacaní, San Julián y Cuatro Cañadas, a los grupos irregulares que tomaron el predio Las Londras y secuestraron periodistas, cómo quieren que sea la región y sus 15 provincias, seguramente tendríamos una región y un orden económico social distintos de como los conocemos ahora. 

Ni qué decir de Bolivia, cuando estamos viviendo que distintos grupos étnicos y sociales (de los cuales -en parte- están los arriba nombrados) se han asociado y han impuesto un orden estatal y jurídico distinto al anterior, no todavía un nuevo orden social porque cambiar los criterios, patrones y habitus culturales puede llevar décadas e incluso siglos, más todavía cuando estos criterios culturales o formas de ver, entender y vivir el mundo están asociados al capitalismo y al libre mercado, variable que ningún Estado controla totalmente.

Un orden social es también un conjunto de normas culturales e ideológicas, así como jurídicas que impone un Estado a la sociedad, esto salta a la vista ahora que el Estado ha sido tomado por grupos sociales, étnicos y económicos con una visión del mundo distinta a la de otros grupos sociales existentes y que detentaban el poder o el gobierno. 

Para cambiar el orden social, el Estado cambia todo el andamiaje jurídico que lo sustentaba, desde la Constitución Política del Estado, el régimen económico, educativo, cultural, simbólico, etc. Hasta aquí hemos visto el orden social en variable política, desde el punto de vista del poder, su obtención y reproducción.

Se lo puede entender también desde el punto de vista sociológico, desde la demografía y la cultura, no es lo mismo Santa Cruz con 60.000 almas en la década de los 50 o 60 del siglo anterior, que Santa Cruz con 3 millones de almas o más actualmente, la migración ha complejizado nuestro espacio social en todos los órdenes y esto requiere de una gestión técnica y política.

No se nota, no se distingue un orden social en la ciudad y la región (desde ‘Pillín’ Rivera por lo menos), lo que se ve es anomia por todos lados, y como señalé al comienzo, en toda sociedad alguien debe mandar para que la convivencia sea posible, deben existir normas legales y morales, una cultura social en las cuales las gentes crean y las asuman, para que las obedezcan, ya que elementalmente, en un razonamiento de lo más primitivo y existencial, si no hay normas que cumplir, si las que hay se las considera ilegítimas, cualquier grupo humano o la combinación de varios de ellos intentarán imponer otro orden social. Dejemos de ser ingenuos y démonos (demos a todos) un orden social, antes que sea tarde.

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