Opinión

Otra economía y Estado es posible

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12 de marzo de 2023, 4:00 AM
12 de marzo de 2023, 4:00 AM



Gonzalo Chávez Álvarez*

La coyuntura veloz y nerviosa nubla el horizonte. El tema central es si hay o no dólares. El objetivo de política económica se reduce a defender a un muerto que se olvidó de caer. Los defensores del status quo erguen las murallas de propaganda: Lo mejor que le ha pasado a Bolivia y el mundo es el modelo primario exportador rentistas, comerciante y centralista. Se decreta el fin de la historia. En este domingo larguemos la dictadura de la coyuntura y veamos que hay un mundo entero de esperanza y de que otra economía es posible.

Uno de los desafíos centrales de la sociedad boliviana es superar el modelo económico extractivista y rentista. Este que cree que la riqueza y bienestar viene solamente de la explotación de los recursos naturales. Muerto el Rey Gas. Viva el Rey Litio. Cabe recordar que el modelo extractivista, que ahora adquirió un carácter mesiánico y religioso en Bolivia, crea una relación de dependencia entre la sociedad y un Estado paternalista y populista.

El modelo extractivista se basa en la economía de los recursos naturales y en los servicios de baja productividad en el comercio y los servicios. Apuesta a la gestión lineal de la producción, el intensivo de mano de obra poco calificada y destroza el medioambiente. El modelo, también conocido como primario exportador, produce un tipo de Estado que pretende impulsar el bienestar social pero que, en la práctica, crea clientelas a las cuales somete o con las cuales pacta de manera paternalista y oportunista. Hoy el caso emblemático es el pacto con los cooperativistas del oro, los gremiales grandes y los cocaleros. Rentas gigantescas para ellos, no cobrando impuestos, a cambio de apoyo político. El populismo es la versión política que mejor funciona para gestionar el extractivismo.

El reto de las nuevas generaciones es promover la sustitución de una economía primaria exportadora basada en los recursos naturales a un modelo de desarrollo basado en la economía creativa, la economía circular, la economía colaborativa, la economía verde, para mencionar tan sólo a las más interesantes formas de organizar el consumo y la producción. Así mismo, el Estado de bienestar trucho debe dar lugar a un Estado innovador y emprendedor.

Es decir, debemos sustituir el Estado que se sustenta en camarillas depredadoras y grupos privados corporativizados que se benefician de los favores pecuniarios del poder de turno.

Según Dani Rodrik, “Un Estado de innovación se centraría en transformar a toda la nación, incluidos los trabajadores, en participantes directos del proceso de innovación tecnológica que se está produciendo a un ritmo cada vez más acelerado”. Un Estado de innovación trabaja con el sector privado siendo socio en emprendimientos privados de innovación tecnológica y con la sociedad civil para promover innovación social, para así reforzar los tejidos comunitarios, potenciando el capital social y ampliando, tanto el desarrollo local como la participación ciudadana.

Un Estado de innovación promueve la generación de riqueza a través del uso de las ideas, el patrimonio, la cultura, la arquitectura, la naturaleza, la gastronomía, la historia, la tecnología, entre otros. Quiere decir que se apoya en lo que se conoce como economía creativa, que es una de las mejores oportunidades para superar el extractivismo teocrático que ahora nos gobierna.

Asimismo el Estado de innovación, que sustituye al Estado populista, se completa con otra forma de organización del consumo y la producción: la economía colaborativa. Pero el compartir bienes y servicios se ha ampliado con las innovaciones tecnológicas y la digitalización de muchas actividades. En la actualidad, personas, grupos y empresas interactúan de manera más amplia y dinámica. Los ejemplos nuevos de economía colaborativa son muchos. A través de plataformas digitales millones de usuarios comparten información, casas, alojamientos, servicios de taxi, diferentes tipos de microcrédito, viajes, herramientas, ayuda para el hogar y muchos otros servicios y productos. Esta práctica también se conoce como economía solidaria que surge como producto de la reconstrucción y ampliación de la confianza y el capital social que ahora han adquirido una dimensión digital. En Bolivia, en la actualidad, el capital social está cooptado y sobornado por el Gobierno.

La economía de los recursos naturales es depredadora del medioambiente y se maneja en la lógica lineal: tomar, hacer, desechar. Consume de manera ineficiente grandes cantidad de energía y está matando el planeta. Frente a esta manera de entender el ciclo del consumo y la producción está la economía circular que propone un cambio radical basado en el diseño de productos amigables con el medioambiente (ecodiseño), la economía de la funcionalidad, reutilizar, reparar, remanufacturar y valorizar productos. En suma propone, cambiar la cultura y práctica del desperdicio por una economía de la innovación, la resiliencia y el reuso. Aquí están las oportunidades de una diversificación productiva diferente en Bolivia.

Estrechamente relacionada con la economía circular está la economía verde. Cero emisión de carbono en base a un proceso de diversificación e industrialización verde y una revolución en los servicios.

La economía creativa, colaborativa, circular y verde tienen varias cosas en común, además de la posibilidad de sustituir a la economía de los recursos naturales, valoriza la participación ciudadana, tiene base de acción local, reconstruye el tejido social, empodera a la sociedad, genera empleo y emprendimiento de calidad y se basa en la innovación tecnológica. Más aún estas economías establecen una relación virtuosa, no prebendal, con el Estado en base a la complementariedad en innovación y solidaridad.

En suma, a veces la coyuntura agobia, pero hay un horizonte de cambio, otra economía es posible.


*Gonzalo Chávez Álvarez es Economista

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