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Otra injusticia MAS

Homero Carvalho Oliva 11/2/2020 03:00

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En noviembre de 2012 estalló un escándalo que la prensa denominó “La red de extorsión”, que involucraba a altas autoridades del gobierno del MAS quienes en complicidad con magistrados y fiscales manipularon los principales casos judiciales en los que el Estado tenía que ver de manera real o inventada. Los componentes del abuso se volvieron clásicos en estos 14 años: corrupción, tráfico de influencias, extorsión, chantaje, amedrentamiento, incumplimiento de deberes, enriquecimiento ilícito y otras cosas peores.

La “Red” estaba coordinada desde la Dirección General de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Gobierno, se sospecha que eran los operadores de varios ministros que ahora están siendo investigados; cuando la fruta podrida cayó del árbol del poder, porque ya no podía sostenerse más, el gobierno se deshizo de los desechables y, como siempre, los principales culpables quedaron impunes. Uno de los casos que “administró” esta “Red” fue el de Jacobo Ostreicher, que se hizo famoso porque su protagonista manejó muy bien los medios de comunicación, al punto de traer al país al célebre actor Sean Penn, a la larga sería este caso, con toda su ficción y realidad, el que develaría los secretos de la “Red”. Sin embargo, existe una víctima que el Estado y los medios de comunicación deben de desagraviar, Claudia Liliana Rodríguez Espitia que fue acusada de narcotráfico, asociación delictuosa y lavado de dinero.

¿Cuál fue el verdadero delito de Rodríguez Espitia, profesional formada en universidades de Europa y representante de inversionistas suizos? Primero que nada ser colombiana, eso bastó para asociarla al tráfico de drogas; luego ser mujer y hermosa para especular del origen de sus inversiones y por último no haber recurrido al compadrerío político para asegurarse que el poder respetara su emprendimiento privado. Rodríguez se negó a pagar las extorsiones que exigían los representantes del gobierno y soportó 22 meses de cárcel, su proceso sigue pese a que un dictamen pericial, producto de una auditoria forense realizada por el IDIF 420/2912, concluyó que: A partir de los resultados obtenidos (…) el patrimonio con el que cuenta la señora Claudia Liliana Rodríguez, se justifica en razón a los vínculos financieros y comerciales existentes entre la involucrada y los recursos provenientes de la Unión de Bancos Suizo (UBS)”. No valió de nada, sin embargo Rodríguez se quedó a enfrentar a los demonios del mal y ahora que se reveló todo le debemos por lo menos una disculpa.