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Era previsible que el nuevo Gobierno del país elija nuevos embajadores de su confianza en el servicio exterior boliviano, como debe ser, pero lo que no es comprensible es que se produzca una masacre blanca para retirar a funcionarios diplomáticos de carrera que no pertenecen a partidos políticos, porque son profesionales que estudian y se forman para cumplir ese trabajo sin importar quién se encuentra en el poder.

Cuando se produce un cambio de Gobierno es normal que los jefes de misión en las embajadas bolivianas en el exterior pongan sus puestos a disposición, como manda el protocolo, para que las nuevas autoridades designen en esos lugares a otras personas, usualmente militantes o personas cercanas al partido en función de Gobierno.

Sin embargo, se ha denunciado que la actual Cancillería del Estado ha cesado en sus funciones no sólo a los jefes de misión, sino también al personal subalterno de embajadas y consulados.

El ex embajador ante la Organización de Estados Americanos (OEA), Jaime Aparicio, alertó que las nuevas autoridades de la Cancillería estaban despidiendo a funcionarios diplomáticos de carrera, violando la Ley del Servicio Exterior y el Escalafón Diplomático.

También la ex canciller Karen Longaric recordó que la Ley 465 de 2013 otorgaba un plazo de dos años para reglamentar el escalafón diplomático, pero que el Gobierno del MAS no lo hizo.

Longaric recordó que fue en su gestión que se hizo el reglamento y el escalafón diplomático en cumplimiento de la ley 465, producto de lo cual el 7 de julio pasado la Cancillería emitió una convocatoria para que los estudiantes que cumplían determinadas exigencias académicas de la Academia Diplomática se integren al escalafón.

Producto de ese proceso se incorporó a 322 profesionales diplomáticos en el nuevo escalafón, subsanando una omisión que el gobierno de Evo Morales se había pasado por alto durante todas sus gestiones.

Y es que el servicio exterior boliviano se había convertido en una extensión para la otorgación de pegas de compromiso a militantes del partido, sin importar que no tengan formación diplomática, y el intento por institucionalizar el servicio exterior vuelve ahora para atrás, en un lamentable retroceso histórico.

Las nuevas autoridades debieran comprender que el servicio exterior es estratégico, hace un trabajo por el país independiente de quién ocupe Palacio de Gobierno. Los funcionarios del servicio exterior, con excepción de los jefes de misión, debieran tener una estabilidad en sus funciones precisamente porque deben desarrollar una tarea profesional.

En el mundo especializado del servicio exterior, se habla y elogia a los países que tienen la mejor diplomacia del mundo, y a la hora de hacer los rankings de diplomacias se valora principalmente los resultados y la eficacia de las misiones.

En América Latina es conocido y reconocido el alto nivel de la diplomacia de Itamaraty (Brasil) y una de las claves de su alto prestigio en el mundo radica precisamente en el hecho de que su personal es uno de los mejor formados en la academia, porque entienden que la búsqueda de eficacia y resultados favorables para el país al que representan depende principalmente de un alto nivel de formación. Para eso es la diplomacia, no para dar pegas cuando el aparato público del Estado queda saturado de militantes y aliados del partido.