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28 de septiembre de 2017, 4:00 AM
28 de septiembre de 2017, 4:00 AM

El éxito de una ciudad es construir un relato lo suficientemente potente que genere un acuerdo/pacto político, social y económico. Un relato que se sobreponga a la retórica político-partidista, que sea el eje ordenador del universo de posibles discursos políticos y se traduzca en una serie de acuerdos políticos y de gobernanza que hagan posible la consolidación de un andamiaje institucional favorable a su despliegue.

La potencia de este relato estará determinada por su legitimidad social. Sin legitimidad no hay relato, sin relato no hay pacto y sin pacto no hay ciudad. 

A nivel económico, la actitud y la disposición de los gobiernos hacia los agentes que construyen la ciudad lo determinan todo. Un gobierno Inteligente es aquel que entiende que los recursos públicos no son suficientes para sostener la ciudad y que la participación del sector privado es determinante. Ahora bien, como es de esperarse, los empresarios no renunciarán a la generación de plusvalías ni a la acumulación de capital, pero a su vez estos deben estar dispuestos a que parte de ese “profit” sea rescatado por la ciudad y reinvertido en ella. 

Hoy, Santa Cruz de la Sierra se encamina hacia muchos puntos de encrucijada, la reorganización de mercados, la reconfiguración del transporte público, el control del consumo de la tierra, la especulación inmobiliaria y, en definitiva, la generación de políticas serias que garanticen la sostenibilidad de la vida en nuestra ciudad. Todas ellas necesitan de un pacto, en algunos casos nuevos, en otros a ser renovados. Pero en todos los casos, la única condición de legitimación de estos es que nunca vayan en contra del bien común.  

En 1904, los cruceños entendieron esto y tuvieron la capacidad de construir un relato tan potente para sobrevivir el paso de una centuria, hoy tenemos la obligación de construir el nuevo relato cruceño para el siglo XXI.  Santa Cruz nos lo demanda y Bolivia lo espera.

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