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En las primeras horas posteriores de conocerse los estudios estadísticos basados en muestras de actas que dan la victoria al candidato Luis Arce en primera vuelta con más del 52 por ciento, han comenzado a escucharse voces a primera impresión conciliadoras de los líderes del partido ganador, el MAS, que es importante registrar para que el país les tome la palabra de aquí en adelante.

El primero fue el propio Luis Arce, quien en su primera aparición pública en la madrugada del lunes aseguraba que como presidente construirá un gobierno de unidad nacional, que gobernará para todos los bolivianos, que reconducirá el proceso de cambio sin odios, aprendiendo y superando los errores del MAS.

En un tono sereno, en apariencia sincero, que podría incluso considerarse como esperanzador desde el punto de vista de sus intenciones como futuro gobernante de Bolivia, las expresiones de Arce tendrían que ser tomadas como el anuncio de un gobierno diferente y alejado de la confrontación, el revanchismo o la prepotencia.

Desde Buenos Aires, el jefe del Movimiento Al Socialismo y ex presidente Evo Morales habló en primera persona y dijo: “Invito a los partidos, a los empresarios y trabajadores, obreros a hacer un gran encuentro, un pacto de conciliación para la reconstrucción de nuestra querida Bolivia”. Enseguida precisó: “No somos vengativos, no somos revanchistas, todos están invitados a trabajar”.

Si sus expresiones son sinceras y son un anuncio del estilo de gobierno que adoptará el próximo Gobierno a la cabeza de Luis Arce, enhorabuena para el país, porque eso significaría que estaremos en puertas de una gestión que marcará un antes y un después de un estilo en el que no hubo diálogo entre el Gobierno del MAS y los opositores al mismo, sean partidos o sectores sociales.

También reapareció el exvicepresidente Álvaro García Linera, quien fiel a su terminología política dijo que el domingo 18 se venció al ‘golpe de Estado, las masacres y persecuciones’ y que el resultado preliminar representa la derrota del ‘fascismo colonial de las pititas’ y refleja la caída del ‘desprecio y la discriminación de unas élites decadentes’.

A diferencia de Luis Arce, que reconoce errores y tiene expresiones que por lo menos dan para pensar que esta vez el país podría tener un presidente para todos los bolivianos y no solo para los sectores simpatizantes de su partido, García Linera continúa en la lógica de la lucha de clases, la guerra total, la descalificación permanente del que piensa diferente.

Si los conteos rápidos se confirman, a mediados de noviembre Bolivia tendrá un gobierno elegido por la mayoría, pero con una minoría que también existe y quiere ser incluida, a fin de que se pueda tomar una agenda que permita que el conjunto pueda salir de la crisis económica y social en la que está sumida Bolivia, como efecto de la pandemia y el momento que vive el planeta.

Es de esperar que el nuevo presidente, sus colaboradores y su partido asuman que ya deben pasar los momentos de confrontación entre los bolivianos.

La tarea es titánica y solo podrá cumplirse en la medida que todos los bolivianos estén incorporados, independientemente de la ideología política, porque si hay una coincidencia que debe ser el punto de partida, es que hay 11,5 millones de habitantes que aman y que se sienten comprometidos con esta patria.



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