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Pandemia y Educación

5/6/2020 03:00

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Por: Norah Soruco de Salvatierra

Hemos llegado al extremo de la angustia, la pandemia sigue avanzando implacable, se lleva a nuestros seres queridos y amigos, nos acecha cada día y sentimos miedo de que nos alcance dejando atrás la posibilidad de uno o varios contagios involuntarios. Si bien este virus sorprendió a toda la humanidad provocando tan dispares políticas, incluso en países más avanzados en ciencia, organización y disponibilidad de recursos, en el nuestro además, develó sus males y deficiencias de la manera más cruel.

Y no sólo en el desastroso sistema de salud abandonado ayer y siempre; desnudó la inconsciencia e indisciplina ciudadana junto a una casi generalizada ignorancia, que estaba ahí casi imperceptible. Hoy al verla de cuerpo entero nos asusta, por caer en cuenta que es el país que tenemos, con el que debemos vivir y saber encarar.

El analfabetismo es una gran barrera para el acceso a la información, el conocimiento y la consiguiente concienciación social, pero también lo es, para quienes tienen acceso a ella, la educación cerrada, mecánica, repetitiva y memorística que somete a la inteligencia y las conductas.

Nunca quisimos cambiarla realmente,  y no la cambiamos, sea por los enfoques populistas de los gobiernos siempre sujetos a las presiones sindicales opositoras a los cambios en preservación de sus magros beneficios para promediar un mejor salario, o por la falta de una visión de país que busque dinamizar efectivamente su capital humano; preferimos la indiferencia culposa relegándola para después sin definir cuándo.

Preferimos eventualmente acudir a los parches, aun empleando no pocos recursos económicos en sendas ‘reformas educativas’ para beneficio de los burócratas, las que generalmente solo cambiaron las denominaciones de los ciclos con la misma cantidad de años,  con poquísimos enfoques y  contenidos nuevos y menos en la proyección de los resultados a alcanzar; durante esos largos años se busca cumplir metas para sí, antes que crear y descubrir talentos y capacidades.  

En nombre de una falaz preservación cultural insistimos en la cuasi discriminatoria diferenciación de la educación urbana de la rural, de la pervivencia de la enseñanza vertical en lenguas maternas privando al estudiante del acceso a otros idiomas universales, que le ponen cuesta arriba el camino en los centros de educación media o superior y ni qué decir del acceso a los textos, investigaciones o fuentes que se desarrollan en centros externos. Este sombrío escenario, se extiende a las universidades orientadas a la demanda convencional de corto alcance, divorciadas de la educación formal básica, ajenas a las necesidades del país y de espaldas al cúmulo de avances del conocimiento en el mundo, con una crónica ausencia de actualización docente que sólo fomenta la mediocridad y el statu quo, negando su propia naturaleza. 

Esa realidad, que alcanza a la mayoría de la población, hoy nos golpea y nos asusta, pero sólo porque como en el caso de la pandemia es peligrosa para nuestra propia seguridad, aún no tenemos conciencia de los potenciales y reales problemas que acarrea y nos conduce a la permanente postración como país.

Es pues, la realidad con la que tenemos que vivir y encarar, y ésta y no otra, hoy y no mañana cuando debemos hacerlo. Sin duda que es un esfuerzo de largo plazo que debe tener sostenibilidad, pero es la fundamental tarea que debemos iniciar usando la tecnología y los medios masivos de comunicación, tanto para re-democratizar la formación educativa como  la información y la educación ciudadana, poniéndola  al alcance de todos los bolivianos

Si no aprendemos esta dolorosa lección, si no conjugamos la amarga experiencia que palpamos en esta pandemia, seguiremos teniendo una población que no se siente parte ni comprende al Estado como representación de la colectividad del país y también a grandes sectores de población  vulnerable a los cantos de sirena de los populistas de ayer y de hoy, que manipulándolos en su ignorancia y su necesidad económica, en su invisibilidad y su abandono, seguirán siendo usados para encumbrar la insensatez, el despotismo y la cleptocracia, y hundiendo así la viabilidad de nuestro país, otra vez.