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El presidente del Tribunal Electoral Departamental (TDE) de Santa Cruz, Saúl Paniagua, renunció a su cargo formalmente por razones personales ayer por la mañana, y en la tarde dijo que reconsideró su decisión al haber la Sala Plena rechazado su dimisión.

El incidente no es poca cosa considerando la trascendencia del máximo tribunal departamental que a su cargo el proceso electoral nada menos que en la región donde todos los ojos del país estarán puestos el 18 de octubre.

Paniagua tiene que darle al departamento una explicación ahora de dos decisiones: lo de ‘razones personales’ en la mañana no alcanzaba para entender motivaciones de fondo que él mismo dejó entrever, pero que no terminó de decirlas en las primeras horas de conocida su decisión; y lo de la de la reconsideración.

Aunque no se haya consumado, se trata de una renuncia cuando menos inquietante que no puede quedar en las aludidas ‘razones personales’, a sólo tres semanas de una elección reñida precisamente en el departamento más determinante para el curso de la elección, Santa Cruz, que es la sala que Paniagua preside.

En sus declaraciones en El Deber Radio, Paniagua dijo que había ‘un mal entender de las cosas’, se refirió a ‘distorsiones que ameritan tomar decisiones’ y ante la insistencia del periodista respondió con ‘son aspectos que los dejo ahí’.
Esas expresiones revelaban explícitamente que había algo más que Paniagua. Lo que está en juego el 18 de octubre es mucho más grande que ese par de palabras. 

Saúl Paniagua es una personalidad reconocida en Santa Cruz, nadie podría cuestionar su transparencia, honestidad y valor civil, bien ganados en una larga y respetada trayectoria académica y profesional. 

Esos mismos tres atributos, ni más ni menos, son los ahora tienen que llevar a Saúl Paniagua a explicarle al departamento y al país por qué decidió renunciar faltando tan poco para las elecciones del 18 de octubre; decirle qué está ocurriendo en el TED de puertas para adentro como para precipitar una decisión de esta naturaleza.

Bolivia necesita garantizar unas elecciones limpias y transparentes, venimos de una experiencia no solo fraudulenta del 20 de octubre de 2019, sino incluso traumática para un país donde muchas de sus instituciones, perdieron el crédito de los ciudadanos, entre ellas principalmente el Órgano Electoral, hasta entonces manejada poco menos que por una banda delictiva que estaba al servicio de un partido político, razón por la cual ahora están siendo procesados en la justicia.

El solo recuerdo de eso momento se asemeja a una pesadilla colectiva que lo bolivianos no nos merecemos. 

Su responsabilidad con el país es más grande que su escueta explicación y no puede dejarse una nube de misterio ni un manto de dudas, esas que han traído una preocupación inquietante a los bolivianos.