Opinión

Para no seguir con las penurias de un país primario-exportador

Gary Rodríguez/Gerente general del IBCE

26 de abril de 2020, 20:05 PM
26 de abril de 2020, 20:05 PM

El 2020 será un año difícil para la economía boliviana por la gran caída del precio del petróleo además de la reducción de los volúmenes de venta del gas natural, y el impacto lo sufrirán tanto el sector público como la ciudadanía. No podría ser de otra manera cuando cerca del 30% de las exportaciones depende del sector de hidrocarburos, pero además, de tan solo dos mercados destinatarios -Brasil y Argentina- que estando casi paradas sus economías por las medidas cuarentenarias derivadas de la pandemia del coronavirus -como gran parte del mundo- requerirán menores envíos del energético.

El 20 de abril 2020 será de triste recuerdo para los productores de petróleo asociados al precio del barril de petróleo WTI, por la increíble jornada que por primera vez en la historia vio azorada cómo su cotización se derrumbó catastróficamente desde 58 dólares el barril a inicios de año, hasta un “precio negativo” de casi -38 dólares para su entrega en mayo, fruto de una demanda inerte debido a la parálisis de la economía mundial, luego de prohibirse los viajes por avión, el transporte público y privado de personas, el transporte de carga por tierra, aire y agua, el funcionamiento de industrias, etc.

Pese a la estrepitosa caída de la demanda y la existencia de altos inventarios de petróleo, la oferta de crudo siguió creciendo hasta superar la capacidad de almacenamiento y provocar tal desbalance entre lo ofertado y una demanda casi inexistente, que se llegó al punto de que los oferentes propusieran 'pagar' para deshacerse del producto ante la antieconómica posibilidad de alquilar un costosísimo almacenamiento (v.gr. barcos en el mar) algo inédito, casi incomprensible pero cierto, duro de asimilar, pero así es como está el mundo por culpa de un diminuto virus, el coronavirus o Covid-19.
 
¿Qué implicaciones plantea este nuevo escenario para Bolivia? Varios, la mayor parte, negativos. En primer lugar, si bien la debacle del petróleo WTI no nos afectará de inmediato en la cotización del gas de exportación, además que su impacto será de un 25% en la formación de su precio siendo que éste depende del precio de otros dos combustibles asociados al mercado de Europa, el Brent que estaba en 26 dólares el día de la debacle a -38 dólares del petróleo WTI, sí nos afectará su bajo promedio (poco más de 20 dólares) así como también la menor demanda del energético por parte de Brasil y Argentina, siendo que por causa del coronavirus su demanda no tiene la fuerza de antes.

Una primera afectación, no inmediata por la traslación diferida del efecto que se da sobre el gas en base a promedios trimestrales del precio del petróleo, será la caía del ingreso de divisas vía exportación a lo que sumará la baja en casi 50% del IDH afectando a las gobernaciones, alcaldía y universidades. Hay que recordar que el Presupuesto General del Estado 2020 contemplaba un precio de 51,37 dólares para el barril del petróleo.

Visto desde un lado positivo, el bajo precio del petróleo ayudará a ahorrar al país una importante cantidad de divisas por la importación de diésel y gasolina que en 2019 implicó un gasto de 1.400 millones de dólares, al mismo tiempo que bajará también la subvención interna permitiendo al Gobierno compensar la baja de sus ingresos para la inversión y el gasto público.

¿Qué hacer frente a tan preocupante panorama? Lo que debimos hacer y no hicimos: diversificar la producción e industrializar nuestras materias primas para no seguir siendo “tomadores de precios” y andar dependiendo de una media docena de mercados.

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