21 de febrero de 2023, 7:00 AM
21 de febrero de 2023, 7:00 AM


Fecha clave en la historia de la democracia en Bolivia. Hoy 21 de febrero de 2023 se cumplen siete años de aquella consulta que marca un antes y un después de la vida democrática de Bolivia. Es como el principio del fin de una era en la que un presidente una vez quiso ser eterno sin importarle el resultado en las urnas que reflejaba ni más ni menos lo que sentía, opinaba y decía el votante, en definitiva, la voluntad popular. Un referéndum con consecuencias evidentes y facturas por pagar. Lo vinculante de aquella consulta en 2016 determinaba un fin de ciclo, una mano que decía basta, un NO a la re-re-re elección presidencial del expresidente Evo Morales Ayma.

En aquella histórica jornada el No obtuvo un 51,3% de los votos escrutados, mientras que el Sí logró un 48,7%, un claro resultado que ponía de cabeza las aspiraciones de anquilosarse en el poder. Sin embargo, y a pesar de las confesiones públicas de respetar el voto del pueblo, sea cual fuere el resultado, el expresidente inventó una argucia para sostener su deseo más profundo ignorando el resultado de aquella democrática jornada.

Ríos de tinta y horas de señales en los medios audiovisuales con argumentos y contrargumentos pusieron al país en un falso debate sobre el devenir de la historia y el poder político. Violando la Carta Magna se argumentó que la reiterada reelección violaba los derechos humanos a ser reelegido indefinidamente y “le metió nomás”, pisoteando una vez más la democracia boliviana. Con el Tribunal Constitucional de cómplice y la oposición azorada por semejante atrevimiento, el mundo contempló sin pestañear las maniobras del poder político que no sospechaba el futuro indomable que le esperaría. La crisis política de 2019 no es un hecho aislado sino consecuencia de un pasado que lo condenaba, una vez más.

La arrogante forma de atropellar las normas y las leyes constitucionales siguen y seguirán pasando factura al expresidente que insiste en negar una realidad tan evidente como insoslayable. Fue el principio del fin. Su mismo partido nunca cuestionó esta flagrante violación, sin embargo, había agrietado las diferencias entre los dirigentes que hoy tienen al partido azul en ascuas sobre el futuro liderazgo para las próximas elecciones presidenciales.

A partir de ese hecho político la ciudadanía tomó fuerza y se hizo consciente de lo que puede ser capaz cuando se une por reivindicar sus derechos hasta alcanzar los derechos que le corresponden. Este golpe a la democracia fortaleció paradójicamente a la institucionalidad democrática; de la mano de las plataformas ciudadanas, agrupaciones políticas y voces que reivindicaron la paz, la unidad, la libertad y la vida con derechos civiles y democráticos rugieron en las calles de un país que despertaba buscando un futuro propio. El soberano comenzó a crear nuevas fuerzas y articularse para ponerse de pie y embestir el atropello de quien cree que la historia se escribe en los caprichos y en las angurrias del egoísmo.

Estos movimientos ciudadanos movilizados se hicieron costumbre y hoy la democracia, gracias a ese triunfo del NO, no solo interpela al poder dictatorial, sino que se encumbra en una democracia participativa y solidaria. No hay como la voluntad ciudadana y quien no la respeta seguirá pagando las consecuencias, para que nadie nunca más se atreva a semejante atropello.