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¿Para qué y por qué filosofar la vida, la política, el trabajo?

Hernán Cabrera M 18/11/2020 05:00

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¿Qué rol puede desempeñar la filosofía en estos tiempos de poselecciones, posconfinamiento, posbloqueos? ¿Puede la filosofía aliviar el dolor de una enfermedad o de la muerte de alguien cercano? ¿Cómo la filosofía puede ser un apoyo para los miles y miles de despedidos por la pandemia? ¿Los textos filosóficos de hace 50, 100 o 200 años por qué siempre están vigentes? ¿Es la filosofía una respuesta abstracta, compleja, lejana frente a un problema de la vida diaria? ¿Me puedo cobijar en la filosofía para llorar mi pena o reventar de felicidad? ¿En qué medida la filosofía es un respiro en medio de la tormenta?

Una respuesta: “Nadie puede filosofar por nosotros. Obviamente, la filosofía tiene sus especialistas, sus profesionales, sus enseñantes. Pero la filosofía no es fundamentalmente una especialidad, ni un oficio, ni una disciplina universitaria: es una dimensión constitutiva de la existencia humana. Desde el momento en que somos seres dotados de vida y de razón, todos nosotros, inevitablemente, nos vemos confrontados con la tarea de articular entre sí estas dos facultades. Pero sin filosofar, no podemos en absoluto pensar nuestra vida y vivir nuestro pensamiento: la filosofía es precisamente esto”, señala André Comte-Sponvile.

La filosofía nos abre una serie de caminos al pensamiento, a la libertad, a los sueños y a las responsabilidades frente a la vida, precisamente para impulsarnos a asumir, a creer, a convencernos de que toda existencia, del más insignificante ser humano en la Tierra, tiene un sentido, tiene una razón de ser, de estar y de hacer en el mundo. Ninguna vida es en vano. He aquí la respuesta mayor a todas las inquietudes que nos podamos hacer si vale la pena filosofar o no a estas alturas del 2020, un año tremendo y golpeador.

Muchos quieren que se acabe el año bisiesto el 2020 y tienen razón, porque han perdido un pariente cercano, porque han sido despedidos de sus trabajos, porque se han enemistado con amigos y familiares por la política, porque se sienten angustiados de la larga cuarentena que venimos soportando. Esencialmente es en estas circunstancias que hoy en día se torna con toda la fuerza creativa y poderosa que tiene la filosofía de cobijarnos en sus brazos y en sus saberes. Porque el filosofar, le provoca al ser humano eso que decía Nietzsche, el “darse a sí mismo una dirección”, porque la vida de cada uno de nosotros, no puede desenvolverse en un laberinto ni en un avión a la deriva. Tiene una dirección, un sentido, un objetivo o varios objetivos, y por ello, es que debemos tener la capacidad y sensibilidad de no dejarnos absorber por el tedio, la náusea, la muerte, y esos esfuerzos que haremos son actos filosóficos fundamentales.

Esos actos son parte de tus esfuerzos diarios, de tus conversaciones, de tus reuniones y encuentros, porque para practicar la filosofía no es necesario que te encierres en una biblioteca, en tu cuarto y te devores algún tomo de Kant, Hegel, Heidegger, Sartre, Unamuno, Spencer, Aristóteles, sino que así como dice el filósofo griego Epicuro, “la filosofía es una actitud que, mediante discursos y razonamientos, nos procura la vida feliz”.

Frente al escenario catastrófico que se nos presenta a poco de culminar el 2020, la pandemia que se afianza en las sociedades: empresas que se cierran; miles de despedidos, que engrosan los ejércitos de sobrevivientes; las relaciones sociales en tensiones; enemistades por el ejercicio de la política; pobreza creciente; crisis económica galopante, que no sean motivos para que te cortes las venas, o para que te lances del último piso del Palacio de Justicia, o te ahogues en un botella de alcohol, o te vayas del país. Eso ni lo pienses ni lo intentes, porque a pesar de los golpes que uno pueda recibir a lo largo de su existencia, siempre hay un motivo de levantarse y volar alto. Así como lo hizo el sobreviviente del holocausto Víctor Frankl, que sufrió todos los vejámenes y las torturas de los nazis, que cuando estuvo a punto de morir en medio de la nieve, golpeado, ensangrentado, pensó en la persona que más amaba y sobrevivió, para luego convertirse en un siquiatra reconocido mundialmente y dejó plasmado su testimonio de vida en su poderoso y provocador libro El hombre en busca de sentido.

Te dejo con esta frase de Frankl: “Es esta libertad espiritual, que no se nos puede arrebatar, lo que hace que la vida tenga sentido y propósito”.