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Para reflexionar: no son tres millones si no por tres, los fallecidos

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La OMS (Organización Mundial de la Salud) comunicó oficialmente que los fallecidos en el mundo por la causa principal del covid 19, no son tres millones como registraban los boletines publicados, sino, ese número debe ser multiplicado por tres, según rezan las Estadísticas Sanitarias Mundiales de fecha 21 de mayo de 2021.

Las cifras acorde a esta organización podrían alcanzar los 6 y 10 millones de personas fallecidas. El virus afectó y afecta de manera desproporcionada sobrepujando lo racional a las poblaciones vulnerables y, quienes están sometidos a mayor riesgo de contraer la enfermedad, viven usualmente en ámbitos superpoblados.

Con el covid-19 se interrumpieron los programas de desarrollo sostenible que debían emprender los gobiernos ¿Cuál es la razón de esta desproporción entre las cifras primigenias de fallecidos y las que aparecen en el último informe de la OMS? Se atribuye a la falta de desglose de los datos que favorece a la desigualdad de los mismos datos sanitarios, pues, según se afirma, solo el 51% de los países incluyen datos desglosados en sus informes nacionales de los fallecidos.

Con seguridad, nuestro país y los limítrofes no son excepción y los fallecidos por la acción del covid-19 en cada uno de los países apuntan a un número mayor, precisamente, porque las autoridades sanitarias locales tampoco ostentan datos desglosados y quedan consecuentemente amplios territorios sin cubrir, quedando aquellos sin aportar al registro oficial y cierto de los fallecidos.

Ni las dos guerras mundiales han generado esta cantidad de muertes que se cifran y tal deplorable realidad conmueve e insta a la profunda reflexión pues podíamos ser nosotros las víctimas.

Somos conscientes de que la muerte es un fenómeno bio-fisiológico que, por lo tanto, afecta a todos nosotros y consiste en la cesación de la vida, y esta es una actividad vital que no viene dada con la esencia, sino que es la repercusión, ya intensa, ya lánguida de fuerzas que por sí denotan solo la virtud de obrar que es la potencia; la potencia para la acción inmanente también se denomina vida.

Esa vida maravillosa se ha extinguido para casi 10 millones de prójimos, de los cuales no podremos percibir sus diferentes manifestaciones, tanto intelectuales como materiales y todas aquellas que elevan el espíritu para el progreso del mundo. Fueron personas valiosas que atesoraban deseos de felicidad y bienestar para los suyos y su comunidad. Todo ese cúmulo de potencia creativa quedó trunco.

Puede extraerse una conclusión para las futuras generaciones, consensuando, que es la propia humanidad que ha causado este estrago de muerte; por la explotación inmisericorde de la naturaleza, sin respetar los ciclos y las cadenas armónicas de reproducción.



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