Opinión

Paremos la guerra contra el Planeta

9 de diciembre de 2019, 5:05 AM
9 de diciembre de 2019, 5:05 AM

La Cumbre del Clima COP25 que se lleva a cabo en España se ha transformado rápidamente en un escenario estremecedor sobre la crisis climática que ya enfrenta el planeta, con graves consecuencias para toda la Humanidad. El incremento sin parar de las emisiones de gases de efecto invernadero, el aumento desproporcionado de la contaminación ambiental y de la deforestación de bosques y la destrucción de diversos ecosistemas a lo largo y a lo ancho de la Tierra señalan que la sociedad internacional no está logrando detener este devastador proceso.

Ya lo dijo con particular elocuencia el secretario general de la ONU, António Guterres, al comienzo de este cónclave mundial que busca hacer efectivos los consensos del Acuerdo de París de 2016. El hombre debe detener lo antes posible esta virtual guerra que ha emprendido contra la única casa que tiene en el Universo. La prevalencia de la sociedad de consumo, la expansión de una industrialización desmedida y la explotación comercial de los recursos naturales está llevando a una destrucción más que acelerada de la naturaleza, lo que ya ha puesto en riesgo la salud de miles de millones de personas. Cabe recordar, en este sentido, las palabras del fallecido físico británico, Stephen Hawking, quien alertó hace unos años que si la Humanidad no quiere perecer debe apurar la búsqueda de otro planeta, dado que la destrucción del único que la sostiene es absolutamente devastadora.

El mes de noviembre pasado fue uno de los tres meses más calientes desde que se tiene registro de los cambios del clima en la modernidad. Las distorsiones en el clima están provocando el acelerado deshielo del Ártico y de la Antártida, dos centros neurálgicos que controlan las temperaturas en todo el orbe. Los estudios conocidos esta semana en Madrid muestran la multiplicación de catástrofes, con graves efectos para países ricos y pobres sin distinción.

Todos los informes internacionales señalan que América Latina es una de las regiones más afectadas por el cambio climático y Bolivia, de alguna manera, resume gran parte de esos efectos del clima sobre los países de esta parte del mundo.

Los incendios desatados en la Chiquitania demostraron el grado de irresponsabilidad con el que se ha administrado la Amazonia, uno de los espacios más diversos y más frágiles de la Tierra. La deforestación producto del avance de la frontera agrícola y las quemas de bosques para ganar terrenos a la urbanización y la ganadería están detrás de esta destrucción masiva de la que hemos sido tristes testigos.

La pérdida de los glaciares andinos está colocando a varias ciudades importantes del país frente a un déficit de agua potable que puede resultar explosivo en términos sociales.

Uno de los datos clave que está saliendo de la cumbre COP25 es el llamado urgente a que los ciudadanos se movilicen para aumentar la presión sobre sus gobernantes para que se adopten políticas más firmes y más concretas para frenar este desquicio climático. La labor de la joven sueca Greta Thunberg y de millones de jóvenes que la siguen es un ejemplo de lo mucho que pueden hacer todos los ciudadanos para salvar el planeta. Desde lo particular hasta lo global, toda acción para cuidar el agua, recuperar los bosques y detener los desechos tóxicos suma en esta cruzada por la Tierra.

Ojalá las acciones que se adopten en España permitan fortalecer los acuerdos internacionales para avanzar en este sentido y evitar el denominado “punto de no retorno” en la destrucción de nuestra casa común en el Universo.



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