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27 de octubre de 2017, 4:00 AM
27 de octubre de 2017, 4:00 AM

Independientemente de si se tratan de paros en la atención en hospitales de segundo o de tercer nivel, el perjuicio es para miles de personas enfermas por día. El solo hecho de no atender a un enfermo constituye de por sí una conducta criminal, y con estupor estamos asistiendo a continuas huelgas en el sector de salud por reclamos de diferente índole, pero que afectan directamente a la ciudadanía.

No creo que los trabajadores de salud de manera espontánea y directa decidan realizar esos criminales paros de actividades, considero que deben haber previamente acudido a las autoridades correspondientes para hacer conocer sus reclamos y ante la inatención a estos, revienta el acto criminal de paralizar actividades.

Las autoridades, ya sean nacionales, departamentales o municipales que administran los centros de salud, incurren también en estas conductas delictivas al generar reacciones de los trabajadores, porque no tienen la mínima capacidad de negociar antes de que reviente el reclamo. Esa ineptitud administrativa debiera tener efectos directos en los responsables de la administración de los centros de salud, y no sobre los enfermos con riesgo de perder su vida o empeorar su condición al no ser atendidos, ante la ineficacia e incapacidad de atender los reclamos de los trabajadores de salud.


No se trata de situaciones aisladas, los criminales paros en este sector se repiten mes tras mes y las autoridades a lo máximo que llegan es a aparecer en los medios de comunicación con declaraciones sin fondo y sin sentido, que más bien muestran la ineptitud para dar solución a los conflictos.
Hemos llegado a situaciones tan inconcebibles en un mundo razonable, como no dar atención a los niños enfermos por asuntos netamente administrativos, poniendo en riesgo su salud, lo que constituye un agravante de la conducta delictiva de parar la atención a los pacientes. Ya debieran haberse iniciado las acciones penales correspondientes por esta situación, tanto a los que cumplen la medida de protesta  como a los responsables de las causas.

Este problema sin solución es parte del desquiciamiento que estamos viviendo día a día en todas las actividades públicas, donde primero se encuentra lo personal, lo administrativo y los intereses de grupo, frente a lo cual la que sufre es la indefensa población, sin que se pueda avizorar una mejora a futuro.

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