Opinión

Pausa en Cataluña

El Deber logo
2 de noviembre de 2017, 4:00 AM
2 de noviembre de 2017, 4:00 AM

Aunque no se puede predecir qué tipo de reacciones habrá en Cataluña, ahora que reinicia actividades bajo el control de Madrid,  todo indica que habrá una pausa que tal vez sirva para amainar pasiones de ambos lados e intentar lograr entendimientos constructivos. El presidente de la Generalitat -Carles Puigdemont- se ha autoexiliado en Bélgica. El Gobierno español lanzó graves cargos contra él por haber patrocinado el plebiscito en favor de la independencia y luego el voto en el Parlamento local, que lo reconoció y declaró la independencia catalana, acción rechazada por el Gobierno nacional que preside Mariano Rajoy, en el marco de la monarquía constitucional española, cuyo monarca actual es Felipe de Borbón.

El autoexilio de Puigdemont en Bélgica no es casual. La capital belga -Bruselas- es sede de la Unión Europea y al mismo tiempo la mayor ciudad de Flandes, región que desde hace rato ha manifestado su deseo de separarse para que flamencos y valones -el otro grupo francófono del país- tengan cada uno por separado su propio estado. La Corona belga ha logrado amainar esas tensiones, pero ellas subsisten.

Retomando el caso catalán, una administración local impuesta por Rajoy  relevó a los separatistas de sus funciones y en paralelo se convocó elecciones para diciembre. El propio Puigdemont aceptó esos comicios, aunque reniega de los cargos contra él. Según encuestas calificadas, entre apoyos a la independencia y a proseguir  la unión con España se dividen al electorado. Por otra parte, las reacciones de la comunidad internacional y el abandono de Cataluña de cientos de empresas que tenían su sede allí, puso al movimiento independentista en situación crítica. Su proceder fue cuestionado desde un principio. 

El referéndum por el Sí o el No a la independencia debió ser previamente consensuado con el poder central -como se hizo en Escocia el 2014-, en lugar de realizarlo unilateralmente. Por su lado, Rajoy podría haber ofrecido mayores autonomías para Cataluña, tal como en su momento el régimen vigente en Ottawa lo hizo con Quebec, la región descendiente de los franceses que primeramente poblaron Canadá. Fueron tan buenas las condiciones dadas por los anglosajones de la capital, que el Quebec decidió seguir formando parte de Canadá; los independentistas nunca pudieron ganar ningún referéndum. 

En fin, surge ahora en España la posibilidad de una negociación inteligente entre catalanes y régimen central; si es exitosa, se afianzará la unión y se terminará el problema. Ojalá así sea. Habrá que seguir con atención el nuevo proceso.

Tags