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La Asamblea Plurinacional aprobó el Plan de Desarrollo Económico y Social PDES 2021-2025 en pleno Halloween. Ciertamente, un momento muy propicio para despertar un documento que parece escrito por el tovarich (camarada) Stalin.

En la introducción, el plan se deshace en autoelogios del modelo económico. Los datos son torturados, sin medida ni clemencia, para revelar las maravillas de los tres quinquenios del gobierno del MAS. Frente al espejo de la historia, los autores del plan se derriten haciéndose ojitos, lanzándose piropos, y besos. Es el narcisismo desarrollista llevado al extremo. Antes del gobierno Morales, el desierto neoliberal, después, el ensayo del paraíso económico.

Todos de rodillas frente a la reducción de la pobreza medida por ingresos en base a la informalidad. Ni una palabra sobre el desastre de la educación y salud. Con el puño en alto, mirada tierna horizonte y voz acongojada: Logramos un tremendo crecimiento, un 5% en promedio. ¡Uta! nunca visto una historia de la humanidad, aunque sabemos que este resultado fue menor que en los años setenta cuando también nos sacamos la lotería del incremento de los precios de las materias primas. Y la inflación controlada y baja, un primor, querido hermano y compañero, aunque esto haya significado la desaparición de agricultura campesina debido a la importación de alimentos baratos de los vecinos.

Por supuesto, toda la prestidigitación numérica para ocultar las verrugas y deformidades internas y externas de la economía boliviana. Ni una sola palabra sobre la desaceleración económica desde el 2014. Ni pío sobre otros ocho años de déficit público. Silencio absoluto sobre el derroche de más de 8.500 millones de dólares de las reservas internacionales. Mutis sobre la suerte de lluvia de plata debido a los espectaculares precios de las materias primas del mercado internacional. Callados en siete idiomas sobre la reducción de las reservas de gas. Amukin sobre la depredación medioambiental, la baja productividad o el conflicto de la tierra. Nada sobre el crecimiento brutal de la economía informal, la reprimarización de la economía o la polarización política de la sociedad promovida desde el Estado. En suma, un diagnóstico preciso sobre el paraíso en la tierra.

Pero de repente, en cuanto el tren del progreso avanzaba por las praderas de la revolución, de la nada, se produce el golpe de estado que descarrila la máquina y en 11 meses, con una eficacia brutal, se destruye toda la economía y vuelve el retorno del neoliberalismo. El edén ha sido invadido, pero felizmente ahora fue recuperado y lo único que resta es restituir el modelo primario exportador rentista con fuerza, con un Estado mucho más intervencionista, centralizador y burocrático. Para muestra solo basta un botón. Gobernaciones, municipios, universidades deben someterse a los lineamientos del nuevo plan.

En cuanto a la propuesta del plan, esta gira entorno de dos grandes ejes temáticos. La primera, la vuelta al vivir bien, el retorno al Woodstock andino. Aquí se nota el puño y la letra del sacerdote del New Age y la poesía política del Vicepresidente. Por supuesto, en este campo no están con miramientos y proponen el cambio del horizonte civilizatorio.

Sobre la propuesta de vivir bien dejo la discusión a los chamanes, niños índigos, los filósofos de café, los seguidores de los dioses son astronautas, expertos en siete fumadas poderosas y otra gente obviamente, mucho más preparada del tema que su vulgar economista de domingo. El segundo eje temático del PDES, la gran novedad del pensamiento económico mundial, recién salido del “museo de grandes novedades” se propone la industrialización por sustitución de importaciones.

El plan, como toda cárcel del futuro, tiene 10 ejes, 13 pilares, decenas de metas, centenas de acciones y por lo menos un millar de indicadores y líneas de base. Por supuesto, todo listo para ser cumplidos con la precisión del reloj de la Asamblea de la plaza Murillo.

Antes de concentrarnos en los ejes 2 y 4 que hablan sobre la industrialización con sustitución de importaciones y la profundización de la industrialización de los recursos naturales, un breve comentario sobre el cinismo político llevado al extremo. El eje 7 del PDES habla de la reforma judicial, gestión pública digitalizada y transparente, seguridad defensa integridad. Cero sentido crítico. Ni una gota de sangre en la cara. En Bolivia, el corrompido e ineficiente sistema judicial está controlado por extraterrestres y ahora sí, en el 2021, 15 años después de gobierno, el plan proponen hacer un cambio radical. Uf, la gente respira aliviada con la novedosa propuesta.

El eje 7, habla de un medioambiente sustentable y equilibrado en armonía con la madre tierra. En cuanto nuestros bosques se queman, más de 2.000 hectáreas por año desaparecen (somos el tercer país en deforestación en el mundo); lo ríos y lagos son contaminados por la minería depredadora, y nuestras ciudades están tomadas por la basura, el plan habla de respeto a la Pachamama. La culpa es del capitalismo, nada que ver con nuestra gestión. En una de las mejores muestras de la máxima popular: “hazte al sonsito y serás feliz” el plan propone el camino al Nirvana medioambiental en medio de fogatas bailables organizadas por los avasalladores de los bosques.

Finalmente, el cherri de la torta: Nuevamente, la industrialización. La oferta tiene 15 años sin avances significativos. En el plan se insiste con la propuesta de la industrialización de los recursos naturales. Es decir, hacer la primera revolución industrial (Inglaterra) con 200 años de atraso. Recordar que el mundo ya está en la cuarta revolución. Lo avanzado: tres lingotes en Karachipampa, una planta de urea que no acaba de despegar, electricidad sin mercados. La nueva promesa son los productos de base químicos (carbonato de sodio o el litio) para convertirlos en medicamentos y construcción. Sí, cómo no. La caña, el sorgo, moringa en aceites y etanol. La industrialización sustitución de importaciones apunta a transformar productos agropecuarios en manufacturas harina de trigo, fideos, jugos de fruta, papitas fritas y chocolates. Como verán saltos cualitativos espectaculares. En el pasado estas tentativas fracasaron rotundamente en América Latina y Bolivia. El plan ni se enteró que con el tipo de cambio real apreciado no hay forma humana de que la industria nacional pública o privada pueda competir con las importaciones, legales e ilegales.

El PDES cierra con broche de oro y ofrece más de 33.000 millones de dólares de inversión pública para el quinquenio para restituir el paraíso, 6.640 mil millones de verdes por año. Por supuesto, ninguna mención a las fuentes de financiamiento.

Gonzalo Chávez es Economista

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