1 de abril de 2023, 8:54 AM
1 de abril de 2023, 8:54 AM

En Bolivia, la falta de acceso a servicios de salud es una fatalidad admitida y asumida bajo el pretexto de que millones de personas viven en situación de pobreza. La falta de recursos económicos es el principal obstáculo para afrontar una enfermedad, lo que puede llevar a consecuencias graves o incluso fatales. No es difícil escuchar que está prohibido enfermarse, o el que se enferma se muere, o si no tienes dinero y te enfermas, te mueres.

Sentencias que duelen por impotencia y por falta de políticas que ataquen definitivamente el problema estructural que padece el sistema de salubridad nuestro de cada día.

Para miles y miles de personas, la atención médica es inalcanzable. Los costos de los medicamentos, las pruebas diagnósticas y los tratamientos son demasiado elevados, y las personas que no tienen seguro médico o que no pueden pagar por los servicios médicos a menudo tienen que posponer o renunciar a la atención médica necesaria.

La situación se agrava aún más en las zonas rurales, donde la falta de infraestructura, transporte y personal médico hace que sea mucho más difícil acceder a los servicios. Muchas personas tienen que caminar durante horas o incluso días para llegar a un centro de salud, y cuando llegan, a diario no hay suficientes médicos o medicamentos disponibles para tratar su enfermedad.

El problema no es solo financiero, sino también cultural. Muchas personas confían en la medicina tradicional, y a menudo buscan curanderos en lugar de acudir a un médico. Esto puede retrasar el diagnóstico y llevar a cabo un tratamiento poco adecuado.

La falta de acceso a los servicios de salud también tiene un impacto económico importante. Las personas que no pueden trabajar debido a una enfermedad o que tienen que pagar por tratamientos médicos costosos a menudo enfrentan dificultades financieras y pueden caer en la pobreza. Somos testigos a diario de verdaderos dramas donde el padre o madre de familia es sustento principal de su grupo y no puede salir a trabajar para atender las emergencias de sus hijos porque no hay quien los cuide ni les garantice el tratamiento básico para salvarles la vida.

Para abordar este problema, es necesario un enfoque integral que contemple los aspectos financieros y sume los culturales del acceso a la atención médica. Es necesario aumentar la disponibilidad de servicios de salud en áreas rurales y mejorar la infraestructura, y cuando se tiene, como por ejemplo el caso del hospital de Montero, inaugurado hace dos años, las pugnas políticas son el estorbo principal para que no funcione. Semejante infraestructura recién en abril podría funcionar en un 60% de su capacidad de servicios.

En esta parte que hace un gran todo será necesario que quienes conducen los destinos de los recursos públicos estén convencidos de que educar sobre la importancia de la atención médica y la medicina moderna, y trabajar para reducir la pobreza y la desigualdad económica, es central. En última instancia, el acceso a servicios de salud es un derecho humano fundamental, no es limosna, es responsabilidad del Gobierno, en las tres instancias, y de la sociedad en su conjunto garantizar que todas las personas, independientemente de su situación económica o ubicación geográfica, puedan acceder a la atención médica que necesitan para vivir una vida saludable y productiva. Quienes lo olvidan hoy pueden ser muy recordados mañana por no hacer su tarea.

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