Edición Impresa

Personas, prosperidad y planeta

Juan Manuel Arias Castro 18/12/2020 05:00

Escucha esta nota aquí

El 14 de diciembre pasado se celebró el 60.° aniversario de la firma del convenio por el que se creó la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Esta sucedió a la Organización Europea para la Cooperación Económica (OECE), creada en 1948 para administrar la ayuda estadounidense y canadiense en el marco del Plan Marshall de reconstrucción de Europa tras la Segunda Guerra Mundial, sobre la base de los principios de solidaridad y cooperación internacional.

Ahora, tal vez más que en cualquier otro momento en los últimos sesenta años, el mundo necesita, una vez más, inspirarse en esos valores, ya que se enfrenta a la peor crisis sanitaria, económica y social desde la Segunda Guerra Mundial. La vocación de la OCDE siempre ha sido lograr un mayor bienestar para sus miembros y socios en todo el mundo, asesorando a los Gobiernos sobre cómo llevar a la práctica políticas que apoyen un crecimiento inclusivo y sostenible.

La OCDE ha promovido reformas estructurales y soluciones multilaterales a los desafíos mundiales realizando análisis de políticas basados en datos empíricos y proponiendo recomendaciones, normas y redes de trabajo en colaboración cada vez más estrecha con otros foros multilaterales, como las Naciones Unidas, el G7 y el G20. Algunos ejemplos de la influencia de la OCDE son el principio de “el que contamina paga”, desarrollado en la década de 1970.

El Covid-19 no ha dejado ningún país ni región intactos. A medida que seguimos luchando contra el virus y preparándonos para la recuperación, nuestros esfuerzos deben complementarse con una respuesta igualmente decisiva y ambiciosa en el ámbito de la cooperación internacional. Esta crisis debe ser una oportunidad, un punto de inflexión, para un multilateralismo reforzado y más eficaz.

Tenemos que trabajar juntos y desarrollar soluciones globales eficaces para los desafíos mundiales actuales: la recuperación tras el Covid-19, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, las crecientes desigualdades y la concentración de riqueza, la digitalización o el futuro del trabajo.

Este ha sido el mensaje principal de la Conferencia Ministerial de la OCDE que España presidió este año. Por primera vez en cuatro años, los miembros pudieron dejar de lado sus diferencias y acordaron una declaración que reflejaba su visión colectiva de una recuperación fuerte, inclusiva y ecológica tras el Covid-19. Este es un mensaje de una enorme fuerza: en un momento de gran necesidad.

En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica, que se celebrará en 2021, se pondrá a prueba esta determinación colectiva. Nuestra única e importantísima responsabilidad intergeneracional es proteger el planeta. Asimismo, esta reconciliación requiere fomentar un modelo de crecimiento económico y de productividad basado en salarios justos, condiciones de trabajo decentes y un diálogo social mejorado. Partiendo de una base sólida de evidencias y datos, necesitamos trabajar juntos para desarrollar aún más esta narrativa, midiendo los resultados más allá del PIB y promoviendo un consenso en torno a un nuevo marco económico que reconcilie personas, prosperidad y planeta.

Vivimos tiempos extraordinarios. Los desafíos que se avecinan son demasiado importantes para que cualquier país los aborde en solitario. Solo a través de la acción colectiva podremos afrontarlos y “reconstruir mejor” economías y sociedades más inclusivas y más ecológicas.



Comentarios