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13 de diciembre de 2022, 10:35 AM
13 de diciembre de 2022, 10:35 AM

Oscar Ortíz, exsenador y exministro

En los últimos días el Perú ha vivido un nuevo episodio de la constante crisis política que vive durante varios años. El caótico gobierno de Pedro Castillo, su intento de golpe de estado, su inmediata destitución y los intentos de desestabilizar al nuevo gobierno encabezado por la anterior vicepresidenta, refleja la crisis de las instituciones democráticas peruanas. La economía, sin embargo, goza de una estabilidad sorprendente frente a tanta inestabilidad política. A diferencia de la política, la economía peruana goza de instituciones que se han sostenido en el tiempo y que brindan seguridad a los actores económicos para invertir y emprender.

Desde que Alberto Fujimori, ganó las elecciones en 1990, desplazando a los partidos tradicionales y su posterior autogolpe, el Perú no ha logrado reconstruir un sistema de partidos que le de estabilidad y gobernabilidad democrática. Si bien, después de la salida de Alberto Fujimori se han realizado elecciones periódicas y se ha producido la alternancia en el poder, los últimos cinco años ha habido una sucesión de presidentes, casi todos los mandatarios han gobernado con niveles de aprobación inferiores al 10% y han terminado enjuiciados e incluso algunos encarcelados.

Esta crisis refleja las consecuencias de la democracia sin partidos, y por la tanto con la carencia de una de las instituciones más criticadas de la democracia, pero sin la cual difícilmente funcione bien. Elección tras elección, se presentan distintas siglas con candidatos coyunturales, las cuales subsisten legalmente, pero han perdido todo contenido de ideas, programa, estructura. El resultado es que en las elecciones presidenciales pasan a segunda vuelta dos opciones que han tenido un porcentaje bajo de votación, alrededor de quienes se polariza la elección y se vota en función de lo que cada lado del espectro ideológico considera voto útil. Posteriormente, quien gana la segunda vuelta debe gobernar sin apoyo congresal por la fragmentación de la representación parlamentaria resultante de la primera vuelta.

¿Entonces cómo se explica que frente a esta crisis política permanente la economía peruana goce de treinta años de crecimiento y desarrollo económico? Un reciente reportaje de la BBC lo explica por tres razones, la independencia del Banco Central y su buena gestión de políticas económicas, destacando que su actual presidente, Julio Velarde, lleva en el cargo desde el 2006; un modelo económico favorable a la inversión privada protegido por la Constitución; y un Ministerio de Economía con ministros que se han caracterizado por su alta capacidad y formación, además de la estabilidad en sus equipos técnicos.

Otro informe de France Press, destaca los buenos datos macroeconómicos del Perú, resaltando que el desempleo bajó al 4.8% en 2021 y el PIB creció al 13.6, tiene los niveles de reservas internacionales mas altos de la región y el nivel deuda pública más bajo. Igualmente, los expertos citados por el reportaje de esta agencia internacional coinciden en señalar como causas de la estabilidad económica peruana, que parecería imposible con tanta inestabilidad política, se debe a la independencia del Banco Central, un marco jurídico favorable a la inversión privada, su apertura e integración con los mercados internacionales y la continuidad de las políticas económicas. Por su parte, el conocido periodista Andrés Oppenheimer que titula su último artículo “En Perú caen los presidentes, pero no la economía” también coincide en destacar a la independencia del Banco Central como elemento central de la solidez de su economía, al mismo tiempo que cita una conversación con Julio Velarde quien señaló como otro fundamento importante la existencia de un tipo de cambio flotante.

En mi opinión todas las causas señaladas para explicar la estabilidad económica del Perú en medio de tanta tormenta política son valederas y reales, aunque en realidad creo que lo esencial es que han logrado institucionalizar una economía de mercado que produce, crece, genera economía y empleo por sí sola porque ha gozado de seguridad jurídica y certidumbre con más de treinta años de continuidad de políticas económicas orientadas a fomentar la libre iniciativa y atraer la inversión privada. Obviamente, con un sistema democrático más estable podrían avanzar mucho más hacía su desarrollo y favorecer una mayor prosperidad para todos los peruanos.

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